Utilizamos cookies propias o de terceros para mejorar nuestros servicios, mediante el análisis de sus hábitos de navegación.
Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.
Puede obtener más información, o bien conocer como cambiar la configuración, en nuestra Información legal.

Aceptar

Soberanía alimentaria
Biodiversidad agraria

El término Soberanía Alimentaria ya ha empezado a formar parte, en las Islas, del lenguaje utilizado en tertulias y posicionamientos políticos, como en su día fueron incorporados los de sostenibilidad o la apuesta por lo verde. Ahora bien, ¿sabemos realmente qué es o que implica la soberanía alimentaria?

Generalmente el término se utiliza como sinónimo de grado de autoabastecimiento, entendiéndose que una mayor soberanía implica que un mayor porcentaje del consumo del territorio es cubierto con producción local. Lo cierto es que, si bien ésta es una de las consecuencias de apostar por la soberanía alimentaria, su propuesta es aún más ambiciosa.

Lo que pone sobre la mesa es una propuesta completa de modelo alimentario para una zona, como podría ser Gran Canaria, en torno a un elemento clave: la reducción de la dependencia. Ello hace referencia, no solo a una menor dependencia del exterior para el acceso a los alimentos, sino, igualmente, a otras cuestiones, como son, por ejemplo, una menor dependencia para proveerse de insumos por parte de los agricultores y ganaderos (alimentación para los animales, fertilizantes,…) o el incrementar la autonomía del ciudadano para decidir qué consumir (actualmente mermada por la concentración de un alto porcentaje de la venta de alimentos en pocos establecimientos o por  la falta de información al consumidor).

Modificar la manera en la cual se alimentan los grancanarios, avanzando hacia un modelo apoyado en la soberanía alimentaria, requiere la redefinición del conjunto de políticas de fomento de la producción local y las de importación de producciones agrícolas y ganaderas, que tienen incidencia en la alimentación de la Isla, sean políticas europeas, estatales, regionales, insulares o municipales. La participación activa en este proceso de fijación de las políticas agrarias y alimentarias que les afectan, tanto a los agricultores como al conjunto de los habitantes de un territorio, es otra de las columnas vertebrales de la propuesta de Soberanía Alimentaria.

Para entender qué implicaciones tiene esta propuesta hay que ir al origen del término. La Soberanía alimentaria, como concepto, surge en un foro paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación celebrada en Roma por parte de la FAO(1), organismo especializado en agricultura y alimentación de Naciones Unidas), en el año 1996. Su irrupción supuso una transformación radical en lo que se entendía que debían ser las obligaciones  de un organismo multilateral en lo que a la alimentación se refiere. Si hasta ese momento el objetivo declarado era el de garantizar la seguridad alimentaria, esto es, el acceso a alimentos por parte de los habitantes de los distintos territorios, independientemente de dónde procediesen éstos, la organización Via Campesina (integrada actualmente por más de 200 millones de campesinos de todo el mundo, y de la que forma parte COAG), introdujo una serie de condicionantes a este objetivo. La idea principal era que no bastaba con garantizar el acceso a alimentos, sino que era igualmente importante tener en cuenta de dónde procedían estos alimentos, cómo habían sido obtenidos... Si hasta el momento se entendía que enviar los excedentes de carnes, cereales o mantequillas de Europa y Estados Unidos a países con necesidades alimentarias era una buena solución permanente, desde Vía Campesina se señaló que estos sistemas únicamente generaban más dependencia, e impedían el desarrollo de la producción local.

Sobre esa base se asentó un concepto que se ha ido enriqueciendo y adaptando a las realidades de cada área geográfica, y asimilando por parte de administraciones y organismos en todo el mundo. De una manera general, la Soberanía Alimentaria se plantea como el derecho de productores y ciudadanos de un territorio a decidir cómo desean que sea su alimentación, lo que conlleva su participación en la definición de las políticas agrarias. En el caso de los agricultores, además, se plantea como un derecho a alimentar a la población de las zonas donde cultivan.

Por lo tanto, la apuesta por la Soberanía Alimentaria de un territorio es igualmente un compromiso en relación a su modelo alimentario. Implica apostar por la producción local como base principal de la alimentación de sus ciudadanos, favorecer sistemas de comercialización que acercan al productor y al consumidor (los llamados ciclos cortos de comercialización),  promover sistemas de producción menos dependientes en el uso de insumos y más respetuosos con el medio ambiente,…

Sobre su alcance en relación al modelo actual de una isla como Gran Canaria se plantean numerosos interrogantes: ¿Debemos entender que la exportación de tomates o plátanos al territorio peninsular o a otros territorios europeos tiene cabida dentro de la soberanía alimentaria? Atendiendo a los resultados obtenidos hasta ahora en los cultivos, ¿Es posible apostar seriamente por un incremento creciente de métodos de cultivos ecológicos, menos dependientes? ¿Hasta qué grado los sistemas de venta directa pueden sustituir a la comercialización a través de súper e hipermercados?,...

En relación a la primera cuestión, la que seguramente suscita mayor controversia, en organizaciones como COAG se han generado intensos debates internos en el ámbito nacional (trasladados igualmente al regional) sobre la manera en la cual hacer compatible la apuesta por la soberanía alimentaria con el apoyo a las producciones de exportación, habida cuenta de que a la organización pertenecen miles de agricultores que exportan sus productos fuera de sus territorios.

Como soluciones a este debate se ha planteado, por ejemplo, que estas producciones exportadas cumplan con una serie de requisitos (que su sector, como podría ser el platanero o tomatero, no esté creciendo a costa de aquellos que producen para el mercado local;  que garantice precios adecuados para los agricultores y que no genere distorsiones en los mercados de destino donde comercializa). Además, surgen dudas sobre cuáles deben ser las lindes al acotar lo que es tu territorio (¿Exportar plátanos a la península, es o no soberanía alimentaria?). No obstante, aun siendo así, lo cierto es que una apuesta seria por la Soberanía Alimentaria obligaría a iniciar una reconversión de los cultivos de exportación hacia los comercializados en la isla.

En  lo que respecta al “verdeo” de la agricultura y ganadería de la Isla (entendiendo como tal un proceso de reorientación de la actividad hacia sistemas más compatibles con el medio ambiente y el entorno natural), lo cierto es que, partiendo de la premisa de que, debido a las características de las explotaciones agrarias, condicionadas por la orografía y la insularidad y al propio modelo alimentario que se desea promover, no es posible pensar en ser competitivos por precios bajos, se hace necesario obtener una producción diferenciada. Junto al uso de variedades locales, la apuesta por producir ecológico, a pesar de las dificultades que la misma entraña en el manejo del cultivo o en la gestión de una granja,  parece que va en la línea correcta, si se desea alcanzar esa diferenciación.

En el ámbito de comercialización, el crecimiento del peso de las grandes cadenas de supermercados e hipermercados dentro del total de ventas de productos agroalimentarios en la isla ha venido acompañada de una reducción paulatina en las opciones de compra por parte de los ciudadanos-consumidores. Si bien no todas las entidades tienen la misma política de compra en relación a la producción local, el hecho de que cubran la mayor parte de su oferta a través de grandes proveedores, y de que apuesten por presentar productos homogéneos, hace que en la oferta se pierda diversidad y que el pequeño productor se vea expulsado de los canales de comercialización.  El fortalecimiento de los canales de ciclo corto, en los que el agricultor y el ganadero le venden directamente a la población local pueden reducir la dependencia del consumidor, e incrementar el abanico de posibilidades al comprar, además de contribuir a valorizar el papel del sector primario de Gran Canaria.

Ahora pasemos a analizar, aunque sea de manera somera, la situación de partida. La pregunta es: en la actualidad, ¿Es Gran Canaria un territorio con un alto grado de soberanía?

Para dar respuesta a esta cuestión, aunque sea a modo de iniciación, vamos a utilizar una serie de indicadores que se han venido definiendo en la última década como instrumentos para calcular en qué medida un territorio tiene una estructura que se acerca en mayor o menor grado a la soberanía alimentaria. Los mismos, que, tal como señalan Ortega-Cerdá y Rivera-Ferre, superan el centenar, pueden organizarse en torno a cinco cuestiones: el acceso a los recursos por parte de los productores, los modelos de producción, la transformación y la comercialización, la seguridad y el consumo alimentario y las políticas agrarias. El objetivo es medir el grado de dependencia y la capacidad de decisión de productores y consumidores.

Cuadro resumen de los principales indicadores utilizados por organismos multilaterales.
Cuadro resumen de los principales indicadores utilizados por organismos multilaterales.
Fuente: Ortega-Cerdà & Rivera-Ferre. 2010. Revista Iberoamericana de Economía Ecológica Vol. 14

Sin la intención de ser exhaustivo en el análisis de todos los indicadores, dado que no es la pretensión de este artículo, a modo de muestra vamos a tomar algunos que nos permitirán intuir cómo de cerca está Gran Canaria del ideal de Soberanía Alimentaria.

Dentro de los indicadores de acceso a los recursos se miden cuestiones como el acceso a la tierra, a infraestructuras, al agua o a semillas. En el tema de la tierra, por ejemplo, se plantea la relación entre la superficie agrícola de un territorio y las personas que habitan en él. Comparándolo con otros territorios, podemos tener una idea de la mayor o menor autonomía. Pues los datos son los siguientes: mientras que en Estados Unidos hay 1,7 personas por hectárea cultivada, en el conjunto de España 1,9, o en el conjunto del Archipiélago Canario 48, en el caso de Gran Canaria el ratio es 92,6 personas por hectárea(2). A ello se añade el hecho de que, como se señalaba en el mapa de cultivo de la isla elaborado por el gobierno de Canarias en 2005 (cuyas conclusiones están aún vigentes), en torno al 64% de la superficie agrícola no está cultivada.

En el apartado de modelo de producción se pueden tener en cuenta cuestiones tan diversas como la distribución de la tierra, la dependencia de los insumos, las características económicas, la apuesta por las producciones sostenibles o la biodiversidad. En lo que respecta a la dependencia de insumos, cuestión crucial para el sector primario, si bien Canarias es, por ejemplo, uno de los territorios en los que el consumo de fertilizantes por hectárea es mayor, lo cierto es que, en los últimos años se ha producido una pronunciada caída en el uso de estos productos. Según los datos de aduanas del ISTAC,  entre 2001 y 2010 la importación de abonos se redujo de 71.116 Tm a 46.750 Tm, pasando el uso medio por hectárea de 1430 kg/ha a 1.120 kg/ha. Se considera que esta tendencia es compartida en todo el Archipiélago, por lo que en Gran Canaria se estaría produciendo también este proceso. Esto puede estar relacionado directamente con un cambio en la manera de producir.

En lo que respecta a la transformación y comercialización de productos agroalimentarios, los indicadores inciden en evaluar la relación entre lo exportado con respecto a la producción destinada al mercado local, y en el reparto del mercado entre las diferentes entidades de comercialización. En relación  a la primera cuestión, y frente a lo que en principio podría esperarse, en Gran Canaria la superficie cultivada destinada a producciones vendidas en la isla (o, en su defecto, en el Archipiélago) es el doble de la orientada a la exportación. Como veremos posteriormente, sin embargo, ello no se refleja en los marcos de apoyo.

Otra de las cuestiones relativas a la comercialización es la de  medir cómo está estructurada la venta de alimentos en el territorio. En el caso de Gran Canaria, cinco entidades comercializadoras se reparten la venta del 70% de los alimentos(3), situación similar a la del resto del territorio nacional, pero que no por ello deja de tener consecuencias evidentes sobre el modelo alimentario.

En los apartados de seguridad y consumo alimentarios, y en el de políticas agrarias, hay que hacer mención a dos cuestiones que ponen de manifiesto la aplicación de los indicadores. En lo que respecta al grado de autoabastecimiento, señalar la evolución negativa observada desde la plena integración de Canarias en la Unión Europea, que supuso un cambio en las políticas agrarias aplicadas en las Islas. De manera sintética, para el conjunto de Canarias (extrapolables en gran medida a Gran Canaria) se puede destacar una caída pronunciada en el autoabastecimiento de carne, leche u hortalizas, que en todos los casos supera el 10%, y que, en el caso de la leche, se sitúa en torno al 30%(4) 

Como señalamos, ello, en parte, viene condicionado por el marco de apoyo a las producciones agroalimentarias orientadas al mercado local, a la exportación y a la importación de alimentos subvencionada a través del Régimen Específico de Abastecimiento (REA).

A partir de los datos de ayudas recibidas dentro del principal programa de apoyo, el POSEI, se puede hacer una estimación para la isla de Gran Canaria (orientativa dado que, por ejemplo, en el caso del REA los operadores desarrollan su actividad a escala regional). Los resultados muestran que, de los casi 84 millones de euros destinados en Gran Canaria a los tres fines, el 26,21% se dirigen al fomento de las producciones agropecuarias locales, el 32,06% a la importación vía REA, y el 34,98 % a fomentar la exportación. Si bien el desequilibrio es menor que en el conjunto del Archipiélago (en el que, por ejemplo, el 56% de las ayudas se destinan a las producciones de exportación), lo cierto es que el diseño del marco de apoyo es igualmente incompatible con la apuesta por la soberanía alimentaria.

Así, a modo de conclusión, señalar que los indicadores analizados dejan entrever la reducida superficie destinada a la producción agraria en relación a la población de la Isla, la dependencia que tienen los productores de los insumos importados (si bien se ha ido reduciendo para algunos inputs), la concentración de la comercialización de alimentos en un reducido número de empresas, el mayor peso de las producciones orientadas al mercado local en superficie, que sin embargo no tiene reflejo en los marcos de apoyo y la pérdida continuada del grado de autoabastecimiento.

Finalmente querría poner de manifiesto la importancia que tiene, y que le están dando otros territorios, la definición de una política para la alimentación. Mientras que continentes enteros como el africano se han convertido en un tablero de Risk en los que países y corporaciones juegan a acaparar tierras con el objeto de controlar la alimentación del futuro (con actividades que, dicho sea de paso, ponen en riesgo la soberanía alimentaria de estas zonas del planeta), en Canarias no podemos seguir considerando que definir un nuevo modelo alimentario no es una prioridad, sin entender que el diseño de nuestras políticas agrarias condiciona la manera en la cual se alimenta actualmente nuestra población, y lo hará en el futuro.

Autor: Manolo Redondo Zaera
Fotografías: Mónica Rodríguez / Nacho González Oramas / Orlando Torres Sánchez


(1) Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
(2) Elaboración propia a partir de los datos del ISTAC, el INE y el USDA.
(3) Según datos del Magrama para 2011/2012, el consumo de fertilizantes fue de 261,6 kg/ha en las Islas, el mayor del territorio nacional, explicado en parte por la mayor presencia de cultivos intensivos.
(4) Datos de Alimarket

BIBLIOGRAFÍA:

ORTEGA- CERDÁ y RIVERA-FERRE (2010)
Indicadores internacionales de Soberanía Alimentaria. Nuevas herramientas para una nueva agricultura en Revista Iberoamericana de Economía Ecológica, nº 14

INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA
Contabilidad Regional

VVAA (2012)
Revista "Soberanía Alimentaria"  Número 10.

MINISTERIO DE AGRICULTURA, PESCA, ALIMENTACIÓN Y MEDIO AMBIENTE
Panel de consumo y Estadísticas Agrarias

GOBIERNO DE CANARIAS (2010)
Estadísticas Agrarias de Canarias.2010. Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del gobierno de Canarias

INSTITUTO DE ESTADÍSTICA DE CANARIAS (ISTAC)
Sector primario - Estadísticas

DEPARTAMENTO DE AGRICULTURA DE LOS ESTADOS UNIDOS
Estadísticas

ALIMARKET 
Estadísticas - información económica sectorial

Imprimir     

AGRICULTURA DE EXPORTACIÓN. Arucas
TIERRAS DE CULTIVO ABANDONADAS. Agüimes
AGRICULTURA ECOLÓGICA. Santa Brígida
GRANJA LA SOMBRA. Moya
PRODUCTOS LOCALES. Gran Canaria
COCHINO NEGRO CANARIO. Teror


ETIQUETAS

 

Miguel Hidalgo. Consejero de Soberanía Alimentaria de Gran Canaria

Gustavo Duch. Soberanía Alimentaria, una propuesta campesina

FICHAS RELACIONADAS