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La arquitectura tradicional y Canarias
Patrimonio Arquitectónico

Del “estilo”

Hablar de arquitectura tradicional y Canarias es, desde el punto de vista constructivo, hablar de la adaptación de las formas constructivas que trajeron a las islas los nuevos pobladores desde sus territorios de origen tras la Conquista.

Principalmente andaluces y portugueses trajeron un estilo claramente mudéjar pero que, lógicamente, hubo de adaptarse a una realidad diferente. Este estilo tiene que ver con aspectos tecnológicos ya que los materiales son diferentes. Así, y ante la baja calidad de las arcillas, los muros se construyeron con un material abundante dado el origen volcánico de las islas: la piedra; se utilizó el barro como material aglomerante y como base para la fabricación de tejas; la siempre escasa cal cuando la economía lo permitía y la madera del pino canario que, abundante principalmente en las islas occidentales, es sin duda la mejor para carpintería de armar y de taller.

Hay otros aspectos más sutiles en los que se evidencia su deuda con las maneras de la arquitectura islámica, como son el funcionalismo de sus elementos y la génesis de los espacios, el crecimiento orgánico de los edificios y el contraste entre el austero exterior y el rico interior. Existe una sencillez asumida que muestra el sentido práctico de una arquitectura que relaciona estrechamente la forma y el uso, lo bello y lo útil.

A esta adaptación de estilo y materiales debemos unir la influencia de los aspectos climatológicos a la hora de definir lo que se denomina "estilo canario". Esta adaptación a los aspectos climatológicos supone una diferencia importante entre una cierta homogeneidad en las edificaciones de las cinco islas más occidentales frente a las de las dos más orientales. Asimismo aparecen, sobre todo en las islas de mayor relieve, sutiles diferencias entre las edificaciones situadas en caras nortes de éstas -y por lo tanto expuestas a la influencia de los alisios- y las situadas en las caras orientadas al sur.

Del “sitio”

Como en cualquier otra arquitectura tradicional, tres son los factores que inciden directamente en la elección de lugar en el que edificar:

Fertilidad. Como en cualquier otra sociedad en la que su economía se ha basado en el sector primario, las edificaciones se sitúan siempre en el lugar menos fértil, salvaguardando así los suelos susceptibles de producir alimentos de cualquier ocupación que no sea agrícola. Siguiendo esta lógica pauta se localizaron en pedregales, riscos o sobre los suelos que productivamente presentaban menor interés.

Seguridad. Este factor implicaba que se evitara la construcción de viviendas en lugares de riesgo tales como orillas de mar o proximidades a los cauces de barrancos (aunque en este último caso se asocia y deriva del factor de la fertilidad, por ser estos suelos sedimentarios depositados junto a los cauces los mas fértiles, a la vez que acumulan un alto riesgo de avenidas). No obstante se pueden fabricar bancales de cultivo, y obtener cosechas durante años, aun a riesgo de que un día el barranco se los lleve; pero lo que no se debe hacer nunca es arriesgar vidas humanas construyendo casas en terrenos que "son del barranco".

Logística. Este factor supone que si la casa y su entorno son parte del espacio funcional de trabajo, su organización y disposición espacial están también al servicio de las labores agrarias. Por lo tanto, se construyen cuartos de aperos junto a las huertas donde se han de emplear; eras para la trilla, lo más próximo que se pueda al terreno de cultivo de cereal y que, además, disponga del viento necesario para el aventado de la paja y la separación del grano; y muros que limitan caminos que el ganado ha de recorrer junto a terrenos cultivados. En definitiva, cada elemento del paisaje se sitúa en su sitio, cumpliendo una función determinada, procurando economizar en lo posible esfuerzos de carga y desplazamiento, lo cual resultaba más que conveniente para una sociedad sustentada por completo en el esfuerzo muscular animal y humano.

Una vez elegido el lugar a partir de los tres factores definidos, éste se convierte en sitio, pero no sólo con la ubicación de la casa sino también con la de las construcciones como corrales, apriscos, gañanías y alpendre para los animales criados que suministren alimento (cochinos, gallinas, conejos, cabras...), fuerza de trabajo (equinos: burros, mulos, caballos y dromedarios), o los dos recursos a la vez (vacas).

Interviene también en esta transformación la creación de los huertos domésticos, que son aquéllos necesitados de mayor atención, como los de hortalizas. Es el sitio el espacio de almacenamiento de bienes materiales como cosechas, agua, combustible o herramientas, y los inmateriales como el conocimiento y la información.

De los materiales

La piedra

Ante la baja calidad de las arcillas, los muros se construyeron con piedra dada la abundancia de materiales volcánicos del tipo efusivos. Los muros son de mampostería normalmente ordinaria, a veces careada y raramente concertada, y tienen un espesor entre 50 y 70 centímetros. La mampostería pude ser realizada en seco, es decir, sin la utilización de mortero. Esta ejecución, a la que comúnmente se le denomina de “piedra seca”, corresponde a las construcciones más pobres. Se utilizó en forma de sillares como refuerzo y trabazón de la fábrica para conformar esquinas y huecos de las edificaciones. La cantería como material para ser visto en la misma posición que en las anteriores, además de en elementos decorativos de fachada, convirtiéndose en un símbolo de ostentación de riqueza y prestigio social. Es en el interior de estas últimas edificaciones donde además aparece la cantería vista en elementos como escaleras, bases de pilares de madera y pavimentos.

En Gran Canaria es la conocida como piedra azul de Arucas la más valorada. Esta roca volcánica brechoide de composición traquítico-fonolítica exclusiva de las canteras de este municipio y que ofrece una alta calidad y belleza debido a su color gris azulado con microcristales incrustados que le dan brillo y la hacen idónea para multitud de fines, tanto constructivos como decorativos. También se utilizaron en Gran Canaria piedras de otras canteras, como la piedra roja que se encuentra en la cantera del Pinar de Tamadaba y en la cantera de Ayagaures; la verde de Tirma; la ocre de Teror o la blanca del Pico de Gáldar.

 

El barro

Se utilizó mezclándolo con arena y paja para la construcción de tejas, como aislante y soporte para la colocación de las tejas y como material aglomerante en la construcción de muros cuando la economía no permitía la utilización de cal.

 

La madera

Es el material más abundante en las Islas y base de toda la arquitectura en Canarias. Las cinco islas más occidentales tenían bosques y éstos, en algunos lugares, llegaban muy cerca de la costa. Las dos islas más orientales no disponían de bosques. La madera constituyó una importante materia prima en la construcción de edificios, barcos, aperos de labranza, combustible y mobiliario.

En la edificación se utilizó estructuralmente en la construcción tanto del armazón de las cubiertas, ya sean planas o inclinadas, como en la cubrición de los mismos, ya sea con tablas o con tilla, así como para la construcción de la estructura y del pavimento de los pisos intermedios en las edificaciones de dos o tres plantas, y en los dinteles en los huecos o la fabricación de puertas, ventanas, pasamanos, balcones, suelos, escaleras, gárgolas, etc.

De entre todos los árboles que se emplearon en la construcción destaca por su mayor extensión y calidad el llamado pino canario. Si bien su corteza no es útil, su núcleo es el que proporciona la madera comúnmente denominada tea que, al impregnarse de resina, adquiere un color rojizo y se hace prácticamente incorruptible. Para que la tea sea de buena calidad el árbol debe tener una antigüedad superior a los dos siglos y no debe ser utilizada hasta al menos dos años después de cortada para que no se tuerza o alabee. De este árbol se obtuvo madera para múltiples usos: construcción de edificios, barcos, lagares, andamios, canales para agua, aperos, etc; y también resina, brea y carbón.

Dentro de la familia de la Laurisilva varios árboles se utilizaron en la construcción.

El barbuzano, de grueso tronco, madera de poca fibra, muy densa, quebradiza y de color rojo oscuro, es también denominado “ébano de Canarias”. Esta madera es muy apreciada para muebles, balcones, gualderas, pasamanos, balaustres y escaleras.

El viñatigo tiene una madera rojiza que es muy estimada para “trabajos finos”. También se utilizaron el aceviño, el til, el palo blanco y el mocán.

Con escaso uso en Gran Canaria pero muy generalizado en las dos islas más orientales por ser la única especie existente, se utilizó la palmera canaria. El uso de la palmera canaria también se halla muy extendido en La Gomera. En El Hierro se empleó bastante el haya y la sabina.

La madera de otros árboles como el castaño, el lentisco o almácigo, el pinabete, el laurel o el drago ha sido utilizada esporádicamente con los mismos fines.

La cal

Es otro de los materiales utilizados, y su utilización es básica en la construcción de edificios, principalmente, para enjalbegar los paramentos. Este blanqueo de las paredes supone refractar la luz solar impidiendo que el calor pase al interior de las construcciones convirtiéndose en un aislante térmico. Es también conocida su propiedad higiénica sanitaria, sirviendo para desinfectar aljibes. Es utilizada junto a la arena y agua para formar morteros con los que ejecutar y revestir fábricas de piedra.

Se suele utilizar en forma de mortero como recubrimiento de la tilla de las techumbres evitando así la caída de polvo del barro sobre el que se colocan las tejas. Asimismo sirve, dado su color blanco, como elemento de reflexión de la luz en el interior de las estancias.

La cal es, salvo en la dos islas más orientales, un material escaso y, por ese mismo motivo, caro y, por lo tanto, definidor del estatus económico y social de sus propietarios.

La teja

El tipo utilizado es el de canal cónico o árabe, si bien a partir del siglo XIX se empezó a utilizar la teja marsellesa o alicantina, que es de forma plana.

Por tener que ser importado, no es hasta mediados del siglo XVII que se empieza a utilizar un cristal de superficie poco pulimentada para ventanas, ventanillos y algunos balcones, siendo en el siglo XVIII cuando su uso se generaliza.

De los elementos

Ventanas, contraventanas y puertas

Las ventanas y puertas son un elemento imprescindible en la arquitectura en Canarias, y de su importancia se deriva la variedad de tipos existentes. El hueco que la conforma es capialzado con el fin de proporcionar el máximo posible de luz. Junto a la ventana se sitúan los poyos para sentarse. Los marcos pueden ser de madera o la misma piedra que conforma el hueco. Goznes y quicialeras garantizan el giro de las hojas y la taramela se emplea para trancarlas. En cuanto a las ventanas nos encontramos varios tipos: de cojinetes, de guillotina, de celosía, de corredera, esquineras y ventanillas.

Los balcones

Son sin duda los balcones los elementos más definitorios de la arquitectura en Canarias. Suele ir, en la mayoría de los casos, en la segunda planta, sobre la portada de la casa. En algún caso se ubican en la tercera planta, algunos ocupando todo el ancho de la fachada. También aparecen en esquinas aprovechando la visión a dos calles. Aunque su uso principal es el de mirador es utilizado también para secar granos y frutas. Aunque en ocasiones se pinta lo más habitual es que muestren el color del material con el que están construidos, el de la madera. Pueden ser cubiertos o descubiertos. Los primeros se sustentan en canes empotrados en la pared, que a veces son continuación de las vigas de las habitaciones. Estos canes pueden ser sencillos o dobles y sobre ellos se apoyan tres o cuatro vigas paralelas al muro y se cubren con tablazón. En ocasiones estos canes se apoyan en pies derechos

Una vez constituida la base, se dispone la tribuna, compuesta por el antepecho y los soportales sobre los que apoya el tejado que puede ser independiente o del que dispone el resto de la edificación.

Los balcones se pueden clasificar como cubiertos o descubiertos. Atendiendo a la aparición de diferentes elementos los primeros pueden ser de balaustres torneados, de balaustres planos, de celosías, de antepecho cerrado, de listones cruzados o de cristales, y los segundos pueden ser de celosías, de balaustres, de listeles, de listones cruzados o de entrelazos.

Aleros y cornisas

Están siempre presentes como remate de las fachadas y paramentos de los patios, siendo el alero más frecuente el de tejas superpuestas, como continuación del tejado, sobresaliendo sobre la calle o patio. Los más simples están constituidos por dos hileras de tejas: las inferiores o canales, vueltas hacia arriba para facilitar el desagüe, y las superiores o cobijas, que protegen y cubren a las canales.

En otros casos aparecen debajo de las anteriores una o dos filas de tejas, colocadas a distinto nivel y dispuestas como las cobijas. En estas hiladas de tejas, meramente decorativas y a las que se les denomina “dientes”, se rellena el espacio entre ellas con barro y se enjalbegan.

 

Las gárgolas

En ocasiones, y sobre todo en el caso de las casas urbanas, el alero se suprime y se continúa el muro de fachada. En este caso, el agua es recogida en un canalón situado en el encuentro del muro y el faldón, y evacuada por gárgolas. Las hay construidas en piedra y madera y se suelen repartir a lo largo de de toda la fachada facilitando así la rápida evacuación del agua. Las más generalizadas, por razón de la facilidad de obtención del material y por razones económicas, son las gárgolas de madera. Las de piedra suelen ser en forma de cañón.

De los tipos

Centrándonos en la vivienda tradicional -si bien son muchos los aspectos por los que se puede llevar a cabo una clasificación tipológica en Canarias-, ésta se puede realizar reduciéndola a tres factores: socioeconómicos, formales o por su localización. En cuanto a este último aspecto podemos diferenciar entre viviendas urbanas y rurales. Dentro de esta clasificación existe una diferenciación en razón de los aspectos socioeconómicos, distinguiendo así entre viviendas señoriales, burguesas y populares. Por último están las variables formales o tipológicas que permiten distinguir entre la casa cueva, la casa de arrimo, la adosada -o entre medianeras- y la aislada.

En Gran Canaria, las cuevas-habitación se extendían básicamente por los municipios de Gáldar, Guía y Telde, aunque también destacaban en sectores de medianías y cumbres, como Valleseco y Artenara. Su importancia cuantitativa se relaciona con la potencia del volcanismo explosivo en varias etapas de la historia geológica de la Isla, que generó grandes apilamientos de coladas piroclásticas y piroclastos cementados, relativamente fáciles de excavar.

Para la excavación se empleaban herramientas como picos anchos, azadas cortas, escodas, martillos pedreros, picaretas y macetas, así como cuñas, cinceles y cortafríos. Constituía un trabajo sujeto a normas muy estrictas. El procedimiento consistía en excavar desde arriba hacia abajo, atacando primero el dintel y descendiendo después hasta el nivel de lo que será el suelo de la cueva. De este modo se tratan de evitar extraplomos exagerados, que pueden llegan a provocar desprendimientos espontáneos de grandes bloques del techo. Con independencia de la forma externa, y aunque cada cueva posee peculiaridades propias, existe una tipología básica que se repite. La dependencia principal, utilizada como sala de estar y dormitorio, se puede dividir por medio de cortinas o tabiques. Las cocinas suelen ocupar espacios exteriores o una cueva auxiliar de menor tamaño.

La denominada casa de arrimo es propia de terrenos en pendiente. En este se realiza en vaciado y se aprovecha el corte vertical del terreno como si de un muro trasero se tratara, quedando los muros laterales empotrados total o parcialmente en el terreno.

La vivienda adosada o entre medianeras propia de núcleos de población en las que las edificaciones se unen conformando hileras o manzanas según sea su disposición. Éstas suelen tener un patio que puede ser central o lateral. En ocasiones el patio llega hasta la fachada convirtiéndose en el acceso a la vivienda. En ocasiones disponen de un huerto trasero.

 

La vivienda aislada es propia de zonas rurales, cercana a los terrenos fértiles pero salvaguardando su ocupación. Son como en los dos casos descritos anteriormente el resultado de un proceso de crecimiento a partir de las necesidades y posibilidades de sus propietarios. Así pues nos encontramos con que, habitualmente, es mediante la adición de módulos como se configura la vivienda. Este módulo suele tener de ancho 4 o 5 metros y de largo entre 7 y 8 metros. Esta adición de módulos da como resultado construcciones lineales, en L, en U o conformando un patio cerrado.

De los tipos definidos los tres últimas pueden ser terreras, de dos o tres plantas. Terrera es como tradicionalmente se denomina a la casa de una sola planta. Las casa de dos y tres plantas responden a las mismas características que la terrera pero construidas en varios niveles y suele ser propiedad de clases con mayor poder económico. La relación entre plantas se resuelve con escaleras interiores o exteriores dependiendo de si existe o no relación funcional entre ellas. En el medio rural la planta baja se utiliza como almacén o cobijo de animales. Las plantas altas serían la que sus moradores utilicen como espacios vivideros. Pero, aunque esta distribución de usos es habitual, en ocasiones la vivienda se sitúa en las plantas bajas y se utiliza la planta más alta como granero y es de menor altura.

Interviene además el factor climatológico, que va a definir si su cubierta es plana o inclinada a dos o cuatro aguas. Las dos últimas se construyen en edificaciones situadas en las zonas con un índice pluviométrico alto y se resuelven con estructuras de madera mediante armaduras de par e hilera. Entonces sobre soleras o frechales se apoyan los pares o tijeras hasta la hilera o viga cumbrera. Cuando los muros no pueden soportar el empuje que los pares transmiten a las soleras, se coloca un tirante entre estos garantizando así la estabilidad del conjunto. Sobre los pares o tijeras se coloca la tablazón o tillas y sobre esta un mortero de barro que sirve de soporte a las tejas.

Autor: Raúl E. León Espinosa
Fotografías: Raúl E. León Espinosa / Orlando Torres Sánchez

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