Utilizamos cookies propias o de terceros para mejorar nuestros servicios, mediante el análisis de sus hábitos de navegación.
Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.
Puede obtener más información, o bien conocer como cambiar la configuración, en nuestra Información legal.

Aceptar

Las maderas de los árboles canarios
Bosque (pinar, palmeral, laurisilva)

Sin entrar a discernir entre la consideración arbórea o arbustiva de algunas especie, el número de árboles propios de las islas puede clasificarse en una treintena. De estos, debemos separar a la Palmera Canaria (Phoenix canariensis) y a los Dragos (Dracaena draco y Dracaena tamaranae), dado que, por su especial crecimiento, sus estructuras internas no producen madera . Al igual que los gigantescos Baobabs sus restos desaparecen a los pocos años de perecer.

Los bosques encierran infinidad de secretos, algunos propios del mundo de la leyenda y la fantasía, y otros tan sólo ocultos tras la corteza de cada árbol. Lo cierto es que, en plena naturaleza, cuando vemos un árbol descortezado, caído o una rama desgajada poco podemos deducir sobre su madera. Solo tras un minucioso procesado y mirando este material muy de cerca podemos descubrir sus colores, olores, formas y texturas reales.

En el caso de las maderas canarias el secreto es aún mayor: la gran variedad de árboles, la veloz deforestación ocurrida en el pasado y el grado de protección actual han dado lugar a que se trate de maderas poco accesibles, poco conocidas y prácticamente nada estudiadas. Salvo determinadas especies, el resto no han sido empleadas para usos perecederos siendo lo más común el aprovechamiento histórico para leña.

Ahora bien, según el sentido en que se seccione la madera ésta ofrece uno u otro aspecto, normalmente mediante cortes en sentido radial, denominados "a contrahílo", destacan los dibujos más vistosos. En todo caso, la madera varía mucho con los años, y son los individuos adultos los que definen la madera que es capaz de proporcionar o caracterizar una especie. Pero la madera también varía entre árboles de la misma especie y también dentro de cada árbol. Cuanto más cómodo se encuentre el vegetal en su ubicación, más rápido crecerá y mayor será la longitud entre sus fibras y viceversa. Los entramados más curiosos aparecen en zonas de alta actividad fisiológica como la unión cuello-raíz, la división-multiplicación entre cepas o alrededor de las ramillas que van siendo engullidas por la propia madera.

En su día fue la oportunidad la que favoreció el empleo de los árboles locales más abundantes para los usos demandados. Aunque no es muy común aún existen viviendas aborígenes que todavía conservan vigas fabricadas con Sabina (Juniperus turbinata) o casas solariegas que apoyan su piso superior sobre traviesas de Palmera Canaria (Phoenix canariensis).

Conservando su diámetro cilíndrico original las maderas canarias se aprovecharon especialmente para pértigas, horquetas, útiles y aperos agrícolas, mástiles o ejes diversos como carretas o molinos. Mediante talla manual se confeccionaron pequeños objetos como el trompo canario para juegos infantiles o las chácaras musicales de La Gomera, entre otros muchos.

Para carpintería o ebanistería no solo se ha tenido en cuenta la cualidad de la madera sino también los diámetros disponibles o la facilidad del secado. Algunas maderas fueron, y son, apreciadas incluso internacionalmente: nuestro barbuzano (Apollonias barbujana), de madera oscura y fibra noble, se conoció como "Ébano de Canarias"; el viñátigo (Persea indica), de madera ligera y rosada, como "Caoba de Canarias".

Ya entre los primeros pobladores, una de las maderas más apreciadas fue la incorruptible tea de pino Canario (Pinus canariensis), aromática por su carga de resina y con tonos irisado-anaranjados. La resina actúa como sustancia biocida de manera que ningún insecto puede atacarla, así la tea permite mantener grandes estructuras vegetales que se traducen en una alta longevidad para los pinos. Puede decirse que ésta ha sido la madera de mayor uso y profusión en la islas, empleándose en la construcción de balconadas típicas y en los artesonados de edificios eclesiásticos entre otros usos.

Pese a que la mayor variedad de árboles la encontramos en la laurisilva, la madera que proporciona suele ser lisa, es decir con pocas vetas o marcas. En la laurisilva predominan maderas blanquecinas-amarillentas como la del laurel (Laurus novocanariensis) y el acebiño (Ilex canariensis); otras como la del paloblanco (Picconia excelsa) o la faya (Morella faya) presentan un tono intermedio pardo-rojizo más oscuro en el caso de la Faya. El til (Ocotea foetens) , apreciado en la fabricación de timples, constituye una excepción, ya que a veces la madera blanca tiñe su centro de un color negruzco. Dada la alta humedad que reina en los ambientes umbrófilos del monteverde, es posible que esta zona central más oscura sea la respuesta a algún tipo de hongo. Cuando los ataques por hongos dejan marcas patentes y caprichosas se llega a perder la noción de la fibra original. Actualmente la madera con estas señales es apreciada en artesanía donde se conoce " pasmado".

También resultan muy llamativas maderas como la raíz del brezo (Erica arborea). La fisiología de esta especie acumula frecuentemente sustancias de reserva en forma de tubérculo. Las llamadas "batatas de brezo" contienen una madera de colorido rojizo-rosado-negruzco con múltiples microdibujos.

Por su parte dentro de los árboles pertenecientes al bosque termófilo encontramos maderas atractivas de gran colorido como el acebuche (Olea cerasiformis) que mezcla tonos amarillos-rosado-blanquecinos con vetas oscuras; y maderas también espectaculares como el almácigo (Pistacia atlantica), que combina una albura blanquecina con un duramen central denso coloreado con tonos verdinegros, tendiendo a pudrirse y desaparecer en los ejemplares de mayor edad. Otra madera muy cromática es la del lentisco (Pistacia lentiscus), variando entre tonos rosados y amarillentos, y que,curiosamente, adquiere tonos rojizos cuando recibe calor por parte de las herramientas de procesado. El peralillo (Maytenus canariensis) tiene una madera de color parecido al gofio, con contrastes blanquecinos, mientras que el marmulano (Sideroxylon marmulano) produce una madera muy pesada con fondos color crema y vetas algo marcadas.

Si utilizamos el sentido del olfato, las maderas aromáticas canarias no resultan abundantes, viniendo a coincidir con las tres coníferas: pino (Pinus canariensis), sabina (Juniperus turbinata) y cedro (Juniperus cedrus). El cedro y la sabina presentan gran similitud en su madera, si bien la primera es algo más amarillenta mientras que la del cedro tiende a un matiz más rojizo. Al igual que hace el pino, conforman un duramen central impregnado con varios compuestos esenciales, incluidas aquellos aceites que le confieren su particular fragancia. Quizás la madera que más perpetúa su aroma sea el Cedro, aunque en fresco la intensidad de la tea del Pino Canario lo supera.

Las maderas de los ecosistemas azonales como el tarajal (Tamarix canariensis) o el sao (Salix canariensis) se muestran con colores lisos blanquecinos y a veces asalmonados. El madroño (Arbutus canariensis) tiene una madera acaramelada al igual que el mocán (Visnea mocanera ) cuya madera también lisa pero algo más oscura.

No debemos de olvidar que la madera es el elemento más noble que puede ofrecer el árbol, es un trocito del propio árbol y a poco que lo cuidemos durará para siempre. La madera es un regalo para los sentidos, para recargarnos de energía observándola muy de cerca, para relajarnos perdiéndonos entre sus curvas infinitas. Pero la madera también es medioambiente, salud e incluso cultura; conocer las maderas canarias y saber valorarlas es un paso más en nuestra evolución como personas, un compromiso con estas islas de naturaleza afortunada.

Autor: Juan Guzmán Ojeda
Fotografias: Orlando Torres Sánchez /

Imprimir     

Las maderas de los árboles canarios
Las maderas de los árboles canarios
Las maderas de los árboles canarios
Las maderas de los árboles canarios
PINO DE LA LAJILLA. San Bartolomé de Tirajana
PINAR DE TAMADABA. Artenara
TILOS. Moya
BARRANCO DEL LAUREL. Moya
MADROÑO. Vega de San Mateo


ETIQUETAS