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Las construcciones vinculadas al pastoreo
Patrimonio Etnográfico

En estas páginas se presentan los diferentes tipos de inmuebles asociados al pastoreo y a la ganadería estabulada, haciendo hincapié en la dificultad de la definición los bienes vinculados al pastoreo, producido, entre otras causas por la evolución progresiva de la actividad.

El pastoreo tradicional y la ganadería han constituido en Canarias un complemento económico a la agricultura, siendo esta condición la que explica el reducido número1 de bienes etnográficos inmuebles (Ramón, 2002:48) vinculados a la actividad pastoril que se documentan en el territorio insular, pues el ganado (caprino y ovino) requiere de infraestructuras menos complejas que las agrícolas. Trataremos dos apartados:

El pastoreo no es un modo de producción extensivo en el sentido clásico del término, sino una economía marginal2 -desarrollada en los márgenes-, que se muestra capaz de sacar partido energético allí donde la agricultura apenas es posible o tiene bajos rendimientos y, por lo tanto, es una respuesta a las condiciones del entorno, a pesar de que ha mantenido una relación histórica de dependencia con los agricultores a través de la venta de ganado y sus derivados (Martínez, 2010: 234-235). No se puede entender la vida del pastor sin el vínculo simbiótico que tenía con el agricultor, del que obtenía, mediante transacciones, alimentos y materias primas, incluso hasta la autorización para entrar el ganado en los cercados a comer los rastrojos de la cosecha.

Los bienes inmuebles asociados al pastoreo se caracterizan por estar adaptados al entorno, de donde se extrae la materia prima, -la piedra que utilizan para levantar paredes y recintos sin emplear ningún tipo de argamasa-. El pastor cuenta con escasos recursos materiales para construir, pero su principal aliado es el dominio que tiene del terreno, controlando el espacio donde lleva a pastar al ganado. Este control del territorio hace que, en buena parte del pastoreo en Canarias, se aprovechen cuevas y afloramientos rocosos para guardar el ganado, a la vez que sirven de refugio al pastor, y donde no es extraño encontrar un lugar de aprovisionamiento de agua cercano. El resultado es una arquitectura funcional y muy sobria, de paredes a seco, que ha utilizado fórmulas de edificación simples y económicas (Ramos y Ferrer, 2010:23). Esta arquitectura es de autoría anónima, cuyo uso y aprovechamiento continuado se ha transmitido de generación en generación.

Al pastoreo que se ha desarrollado con posterioridad al siglo XV en Gran Canaria se asocian diferentes tipos de inmuebles, tanto exentos como en cueva, como son corrales, majadas y abrigos de pastores. Este patrimonio se caracteriza porque está disperso por el territorio, sus elementos constructivos son sencillos, obteniendo soluciones técnicas rudimentarias pero ingeniosas en función de la temporalidad del uso que se le daba, pues eran bienes comunales que se utilizaban en periodos determinados del año (Mireles, 2008:138). El pastoreo es, por tanto, una estrategia imbricada con la naturaleza que, modificando el medio escasamente, se ha visto condicionado por él, empleando los materiales que se encontraban al alcance del pastor (Rodríguez, 1993:725).

En la actualidad, la complejidad de la identificación de estos bienes y, por lo tanto, en la denominación de los inmuebles pastoriles, radica la confusión, detectada durante el trabajo de campo, que se constató en los nombres que se le otorgan a estas construcciones. Esta polisemia se puede fundamentar en la diferencia de modelos que se establecían entre el pastoreo de las zonas noroeste, relacionado con la concentración de la pequeña propiedad y la abundancia de pastos, y, por el contrario, la distribución tan dispersa en las zonas áridas del sur de la Isla, ligadas a los grandes propietarios y a la pobreza de sus suelos, que apenas admiten una capacidad de carga mínima (Rodríguez,1993:715-716). A los anteriores factores se une el progresivo abandono del aprovechamiento de estos recintos pastoriles, producido por la caída de la actividad trashumante, que actualmente ha reducido su movilidad, además de la escasa presencia de ganados, que unido a la reutilización en las últimas décadas de los recintos por cazadores y excursionistas, conlleva, como consecuencia, que el reconocimiento de algunos bienes se esté perdiendo.

El término que ofrece una complicación mayor, cuando se intenta definir, es el de corral. El corral representa una multitud arquetípica de espacios para guardar animales, con formas y tipologías diferentes -tanto de planta rectangular o cuadrangular como de tendencia circular-, usadas tanto para encerrar ganado menor como ganado mayor. Los corrales, a diferencia de las majadas, se sitúan habitualmente en las proximidades de una vivienda o de un núcleo habitado. Por corral ofrecemos aquí las siguientes posibilidades de definición:

1. Espacio habilitado para la guarda y refugio del ganado por medio de una cerca o muro de piedra.

2. Sitio cerrado y descubierto, en las casas o en el campo, que sirve habitualmente para guardar animales. 

Un ejemplo de la cantidad de representaciones iconográficas, a veces contradictorias, que se obtienen del término corral la ofrece el profesor Súarez Moreno cuando realiza, para la comarca de La Aldea, la siguiente definición: cuando el lugar de encierro del ganado se hacía en una construcción de muros de piedra, casi siempre de forma redonda, a veces adosada a un cejo grande o solapón, se le denomina corral (Suárez, 2008:15).

Aquí se comprueba que el concepto de corral en el territorio oeste de la Isla que ofrece este investigador se aproxima a una estructura de planta circular, donde, además, se incluye implícitamente la tipología del corral-cueva, en el que un muro de piedra cierra un solapón o covacha. En otra cita, se puede documentar la diversidad de los significados del concepto corral; la recoge el periodista Yuri Millares cuando habla de José Melián y de Elvira Peñate, pastores de la Hoya de la Negra en Sardina del Sur: “El corral donde se guardan los machos es en realidad un garaje y hasta ahí se asoma a observar el porte de los animales (…)” (Millares, 1996:30).

Otra de las estructuras que se presta a diferentes arquetipos tipológicos es el goro. El goro se vincula con el pastoreo mayoritariamente de cabras en las áreas este, sur y oeste de Gran Canaria, aunque ofrece diversas acepciones:

1. Caverna, cavidad pequeña o cerco de piedras secas como para encerrar dos o tres animales.

2. Pequeño cerco o corral para reses menores. Se emplea goro para designar un recinto de tendencia circular en el que se guardan un gran número de animales (entonces se emplea la palabra “corral”).

3. En Gran Canaria el goro se refiere también a la construcción en piedra, de planta circular y pequeño tamaño, que se utiliza como abrigo a los pastores. De esta tipología nos referiremos en un apartado de este artículo.

La palabra gorete nombra, en el sector pastoril, a un goro de menor tamaño en el que se encierran las crías de ovejas y cabras, y permite que las madres puedan pastar con tranquilidad, aunque también lo encontramos referido a una especie de poceta que sirve para abrevar el ganado.

El término majada ofrece varios significados dependiendo de la zona geográfica y pastoril3 que nos encontremos. En la zona norte de la Isla, en general, puede decirse que una majada es un redil de madera u otros materiales -a veces procedente del aprovechamiento y reciclaje-, más o menos desmontables, que facilitan el ordeño del ganado, principalmente ovejas, en el exterior de las cuevas.

En el libro “Ruta de Pastores”, el autor aporta unas fotografías del Cortijo de Pavón, entre Fontanales y Santa María de Guía, en la que aparece una majada realizada con vallas de metal conocidas como “lances” (Millares, 1996:77). También se puede documentar la acepción de majada en las zonas sur y oeste de la Isla para referirse al paraje natural recogido o azocado (también puede ser una cueva), donde es fácil cuidar el ganado, circunstancia aplicable a los fondos de barranco de escasa pendiente. 

Suárez Moreno, en la publicación “La tradición ganadera en La Aldea” atestigua que “el lugar donde se recogía el ganado para dormir y ordeñar se denominaba majada; en muchos casos podía llevar un cerramiento con muros de piedra, a lo que se le denomina aún como corral en solapones y amplias oquedades de montaña” (Suárez, 2008:15).

Las conocidas como cuevas-refugio son cavidades naturales de roca o cuevas que se habitan como refugio en el que generalmente aparecen un muro de piedra seca cerrando parcialmente la entrada. Se empleaban tanto por el pastor para pernoctar, como para guardar el ganado durante la noche, o por los cazadores y arrieros durante sus traslados. Estos espacios que tienen varios usos dan pie a confusión terminológica, ya que nunca se puede separar en la actividad pastoril el lugar que ocupa el ganado y el pastor, donde se comparte el mismo recinto cuando se trata de guarecerse de las inclemencias o de la noche.

El refugio de pastor es usualmente un habitáculo acondicionado para prestar cobijo temporal. Presenta diferentes tipologías que van desde un simple murete de piedra con planta semicircular -de altura media- que servía de paraviento o "soco" mientras se aguardaba a que el ganado pastara.

En la zona de Santa Lucía y en los altos de Telde, en el paraje de Rosiana, se encuentran ejemplos de construcciones de planta circular que se rematan con una falsa bóveda ejecutada por aproximación de hiladas de piedra de fonolita o de escoria volcánica, que permiten resguardarse del sol y del viento al pastor. Estas sorprendentes edificaciones, que han permanecido casi inalterables en el tiempo a pesar de la aparente fragilidad, nos ha llevado a buscar paralelismos en otros territorios donde hemos encontrado similitudes en las zonas de Extremadura y de la Meseta peninsular. En el territorio extremeño se conoce a estas fábricas de piedra seca como “chozos” y forman parte de la arquitectura rural tradicional vinculada al pastoreo y asociadas a la Mesta (Fernández y Valiente, 2005:70), de donde se ha copiado la siguiente descripción: “toda aquella construcción de planta circular y alzado cilíndrico con desarrollo cónico variable (…). Consta generalmente de un único vano que realiza las funciones de acceso, (…), para el alzado se emplea la técnica habitual de mampostería, obteniéndose la cubierta mediante la aproximación de hiladas de mampuestos de dimensiones decrecientes, que conforman una falsa bóveda cerrada”.

La evolución del siglo XX y la presencia de nuevos materiales, principalmente foráneos, trajeron consigo la proliferación de chozas ejecutadas con productos de desecho y reciclaje (somieres, pálets, planchas, etc.), que han servido para la realización de chamizos -construcción endeble formada por materiales usualmente no constructivos (maderas, ramajes, plásticos, etc.)- que posibilitaban el cobijo temporal de personas o bestias. Tanto en zonas de pastoreo como de ganado estabulado se puede comprobar la existencia de este tipo de recintos.

El estado de conservación de los inmuebles pastoriles es, en líneas generales, malo, producto del abandono paulatino de la actividad trashumante, unido al poco uso de las instalaciones y a la fragilidad del material base con el que se han construido, y a que, al carecer de mortero o argamasa, está a expensas de las inclemencias y del paso del tiempo; aunque, al encontrarse en suelo rústico –una buena parte en zonas de protección ambiental-, se han librado de la presión urbanística.

Siguiendo a la doctora Rodríguez, ya afirmaba en 1993, que en la actualidad, con el pastoreo en franca regresión, muchas zonas han sido abandonadas (las más áridas y abruptas, por supuesto) y la demografía de la comunidad, aunque sigue abarcando gran parte de la Isla, está por debajo de los máximos absolutos(Rodríguez,1993:722).

Autor: Francisco Mireles Betancor
Fotografías: FEDAC / Orlando Torres Sánchez

1 La Carta Etnográfica de Gran Canaria recoge un total de 254 inmuebles de uso pastoril, un 2,63% del total de bienes inventariados hasta 2014.

2 “Podemos decir que actualmente la marginalidad es el factor que mejor caracteriza al pastoreo tradicional canario, como modo de producción. Reflejo directo de esta situación y consecuencia de ella es su marginalidad espacial, condición que es esencial al pastoreo, al menos durante la segunda mitad de este siglo” (Rodríguez,1993:716).

3 La ganadería extensiva, en Gran Canaria, contó con un espacio físico tan diverso como es, en sí misma, esta isla. Las marcas eran unos linderos que se establecían antiguamente para la suelta del ganado “salvaje” (guaniles) en las subastas del Cabildo. La acción de recoger el ganado silvestre se le denominaba apañada, un trabajo realizado en común por varios pastores ayudados por los perros. (Suárez, 2005:39).

BIBLIOGRAFÍA:

MARTÍNEZ VEIGA, U. (2010)
“Pastores nómadas” en Historia de la Antropología. Formaciones socioeconómicas y praxis antropológicas, teorías e ideologías. Madrid, UNED, 233-249.

MILLARES MARTÍN, Y. (1996)
Ruta de pastores. Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria.

MIRELES BETANCOR, F. (2008)
“Los distintos usos y funciones de las cuevas”, en El Patrimonio Troglodítico en Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, AIDER Gran Canaria, 133-145.

RODRÍGUEZ PÉREZ-GALDÓS, C. (1993)
«Estructura territorial y condiciones marco del pastoralismo de subsistencia en la Isla de Gran Canaria»; en Homenaje a José Pérez Vidal. Santa Cruz de La Palma, Cabildo Insular de La Palma, 715-727.

RAMÓN OJEDA, A. (2002)
La Carta Etnográfica de Gran Canaria: análisis cartográfico estadístico y territorial del inventario de bienes inmuebles de interés etnográfico. FEDAC, Cabildo de Gran Canaria.

RAMOS ANTÓN, J.J. y FERRER MAYAYO, L.M. (2010)
“Majadas. Características y materiales de construcción”, en Tierras, nº 172, 23-32. Facultad de Veterinaria. Universidad de Zaragoza.

SUÁREZ MORENO, F. (2005)
Guía del Patrimonio Etnográfico de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria. Cabildo de Gran Canaria.

SUÁREZ MORENO, F. (2008)
La tradición ganadera en La Aldea. Grupo El Salem, Salto del Pastor Canario.

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REFUGIO DE PASTOR. Telde
CUEVA CORRAL EN ACUSA. Artenara
CORRAL EN LOMOS DE PEDRO AFONSO. San Bartolomé de Tirajana
CUEVA REFUGIO EN VIGAROÉ. Tejeda
CORRAL EN VIGAROÉ. Tejeda
GORETE EN LAS BURRILLAS. Mogán


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