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Los bienes inmuebles asociados al ganado estabulado
Patrimonio Etnográfico

El tratamiento que, reconocidos autores del pasado como Pérez Vidal, han dado a las estancias para guardar el ganado estabulado, ha girado en función del valor de la vivienda rural, siendo dispar, pues se las ha examinado siempre como “dependencias anexas o anejas”. Los alpendres, corrales y cuadras se han considerado como una parte dependiente del hogar, interpretándose la casa del labriego como la construcción principal (Pérez, 1967:84) sobre la que giran el resto de inmuebles de producción. Estas teorías, ya obsoletas, se centraban en los valores histórico-artísticos y patrimoniales de los inmuebles mal llamados “anexos”.

Actualmente este enfoque ha sido superado por las recientes investigaciones, que, cambiando el punto de vista, han centrado su intención en la adaptación al medio y en los aprovechamientos agrícolas que se hacía del entorno, relacionando, de manera acertada, la totalidad de edificios e instalaciones agropecuarias, que el campesino ha levantado, giraban en función de factores económicos y medioambientales.
(Mireles, 2008:133).

Entre las investigaciones consultadas que plantean una visión de conjunto está la desarrollada por Sabaté Bel, del que copiamos literalmente: Si la casa y su entorno son parte del espacio funcional de trabajo, su organización y disposición espacial están también al servicio de las labores agrarias (…). Cada elemento del paisaje se hallaba en su sitio, cumpliendo una función determinada, y procurando economizar en lo posible esfuerzos de carga y desplazamiento, lo cual resultaba más que conveniente para una sociedad sustentada por completo en el esfuerzo muscular animal y humano (Sabaté, 2008:108).

El ganado estabulado y las construcciones asociadas, por lo tanto, forman parte de la unidad productiva, ya que la ganadería estabulada estaba en función de la producción agraria, “los animales son parte de la cadena operativa agrícola, ya que producen el estiércol que se emplea en abonar la tierra y consumen los despojos vegetales, a la vez que proporcionan leche para el consumo en fresco o en queso” (Ramón, 2002:48). Como recuerda Suárez Moreno, “la estabulación del ganado se hallaba integrada en la agricultura minifundista. Cada finca disponía, dentro o fuera de la gran hacienda, aparte de la vivienda del labrador, se hallaban el pajar, gañanía, corral y muladares, donde se criaban algunas cabras, la yunta de vacas, un asno, aves de corral y otros animales domésticos para autoabastecimiento familiar y apoyo a las labores de labranza, (…). La tierra aportaba forraje, carrizo, rastrojos, etcétera, y recibía de los animales el estiércol, la fuerza para arar, sorribar (tirando de la corsa) y trillar, aparte de los alimentos básicos (leche, queso, carne, piel…)” (Suárez, 2008:8).

En el modelo agrícola tradicional canario es frecuente la existencia de pequeñas propiedades para abastecer el consumo local y familiar. El autoabastecimiento es necesario para los grupos que practican esta agricultura, por ello cultivan todo tipo de productos -cereales, verduras, legumbres, frutas-, crían animales como ovejas, cabras, cerdos, gallinas o conejos, con la finalidad de obtener carne y huevos y, para conseguir dinero, venden los excedentes de la producción. El resultado desde el punto de vista del patrimonio inmueble ha sido una gran variedad de fórmulas constructivas y variaciones que buscaban soluciones en base a los materiales que se disponían, el suelo y la orografía, unido a la cultura constructiva –legado transmitido por sucesivas generaciones-, de la comarca y al poder económico del propietario, entre otros factores.

En base a las peculiaridades antes nombradas, la categorización de los bienes inmuebles unidos a la ganadería estabulada hay que dividirla en dos apartados; la primera, las construcciones asociadas a la ganadería del policultivo minifundista de autoconsumo, que se componía de unas pocas cabezas de ganado que servían de apoyo a la economía familiar, a veces precaria; la segunda, las edificaciones ganaderas vinculadas a las grandes explotaciones de monocultivo destinado a la exportación, en la que se fabricaban grandes infraestructuras ganaderas –principalmente para ganado vacuno- destinadas a servir de apoyo al campo, levantadas gracias a la fuerte capitalización realizada por el propietario de la finca, que se mantiene1 hasta mediados del siglo XX.

1. La agricultura minifundista

Los bienes inmuebles vinculados a la agricultura minifundista son el resultado de una economía de subsistencia que ha fabricado unas construcciones simples, de escasos recursos con materiales pobres. Estos edificios son principalmente funcionales, cuyo soporte constructivo puede ser exento, o por el contrario, haber sido horadados en forma de cueva

El alpendre podía estar destinado a guardar cabras, vacas o bestias de carga. Los alpendres que conservan una tipología más elaborada son aquellos que albergaban vacas, pues la fuerte inversión del agricultor en la compra y mantenimiento de estos animales, revelaba el poder adquisitivo del propietario –que intentaba ofrecer una estabulación del vacuno en condiciones óptimas-. El alpendre de vaca se podía establecer en una cueva cuando el medio orográfico era propicio (Mireles,2008:136), o se hacía exento con planta de tendencia rectangular, con muros de mampostería enfoscada, en algunas ocasiones con piedras esquineras, y techumbre a un agua cubierta de tejas sobre cañizo y vigas de madera. En el interior el espacio estaba preparado para una yunta de vacas y, como mucho, uno o dos becerros. Al fondo destaca el pesebre – con el listón de madera sobre el que se atan las bestias -, que recorre todo el largo del alpendre. La principal característica que diferencia un alpendre de vacas de otros (bestias de carga, cabras u ovejas) es el escalón, de una cuarta de alto aproximadamente, que se encuentra en la zona exterior del pesebre, donde la vaca tiene que apoyar las patas delanteras, elevándose sobre este escalón, para poder comer.

El suelo del alpendre – empedrado frecuentemente- presenta una ligera pendiente al exterior que permite la evacuación de los excrementos de los animales. El dintel del amplio acceso al alpendre, presidido frecuentemente por un pilar de madera que sujetaba la cubierta, se podía cerrar parcialmente con telas de sacos que evitaban la entrada directa de sol sobre los animales. Próximo al alpendre estaba el espacio destinado al estiércol o estercolero. Frente a este tipo de alpendre de mayores dimensiones y estructura, están los de ganado menor -oveja y cabra-. Son instalaciones sencillas donde se habilitan los comederos con maderas para evitar que el animal arrastre el pasto al comer. Interesantes son los alpendres de ovejas en los altos de Gáldar, en Juncalillo y Fagagesto. 

El cuarto de aperos, de parecidas características al alpendre, que contaba con una puerta de cierre, se colocaba en numerosas ocasiones junto al alpendre. En el cuarto se guardaba herramientas para el ordeño (banqueta, colador, baldes, lecheras, trapos), semillas, forraje para el ganado, utensilios agrícolas, veneno para plantas, etc., siendo un complemento indispensable en la unidad de producción.

Las cuadras eran alpendres dedicados a las bestias de carga y tiro – burros, mulas y, a veces, caballos, dependiendo del poder adquisitivo del propietario-. De similares características al alpendre de vacas, solía ser de menores proporciones y carecía del característico escalón junto al pesebre, pues los burros y las mulas podían comer en el pesebre sin necesidad de una elevación.

Los corrales para cabras y los chiqueros eran de menores proporciones que los alpendres y se encontraban realizados con materiales más pobres, como es el caso del chiquero, de paredes bajas y que no contaba con apenas techumbre, encontrándose a veces sus muros sin enfoscar. Los gallineros, palomares, conejeras y casetas de perros, se hacían con maderas producto del reciclaje de otras construcciones, a pesar de ser una fuente continúa de recursos en la economía familiar.

Una mención especial se debe hacer a los cuartos del queso2 -espacios de curación del queso sobre cañizo- que permitían conservar el excedente de leche diaria en un producto para el propio consumo y la comercialización. Los cuartos de queso los encontramos preferentemente en cuevas, o en cuartos frescos y bien ventilados, para permitir la maduración y la conservación del producto, que sobre cañizos –plataformas de caña sujetas con sogas a la techumbre- impedían el acceso a gatos y ratones.

2. La agricultura de exportación

Básicamente el cultivo del plátano y en menor medida el tomate, ha aportado al patrimonio inmueble etnográfico una tipología de alpendres de grandes proporciones, que permitían tener estabuladas más de veinte vacas. No olvidemos que estos monocultivos ocuparon casi siempre los mejores suelos, de menor pendiente, más fértiles y beneficiados por la radicación solar y con posibilidad de ser regados (Sabaté, 2008:86). Estas construcciones levantadas entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX en amplias áreas agrícolas, entre las que predominaba las dedicadas al plátano en el norte de Gran Canaria, integraron la explotación ganadera en la unidad económica mediante grandes alpendres, que permitían tener suficiente estiércol para el abono de las tierras de la finca y, como aprovechamiento, recibía el ganado el alimento producto del sobrante de restos vegetales -hojas y rolos de platanera, tallos de millo, entre otros-, teniendo como resultado que los animales se alimentaran con el menor coste aprovechando el excedente vegetal de la propiedad.

Las propiedades intensivas -monocultivo en régimen de regadío-, se diferenciaban por tener una gran infraestructura que permitía la adecuación del espacio a la actividad agrícola. Esta arquitectura refleja la estructura de la propiedad, puesto que la calidad constructiva y el volumen edificado dependen de la capacidad económica del propietario, teniendo algunas fincas (...) un valioso conjunto de dependencias anexas (Suárez, 2005:32), dando como resultado que la tipología constructiva es en unas zonas más compleja. El sistema de riego a manta, hasta los años 70 del siglo XX, exigía una gran cantidad de agua que se extraía de algún pozo en alguna de las propiedades del terrateniente o en la participación directa mediante acciones en heredamientos, minas y comunidades, donde se era propietario de dulas de horas de agua. La fuerte inversión propiciaba que se levantaran muros para bancalizar el terreno, se creaban una imbricada red de estanques, cantoneras (con lavaderos y bebederos) y acequias.

Cuadras en OsorioEn este contexto3, los bienes inmuebles atribuidos a estas grandes propiedades muestran unas proporciones mayores, mejores materiales constructivos (muros a cajón con mortero de cal y arena o cemento, vigas de madera y pilares, mampostería enfoscada, cubiertas de teja francesa), una buena red de caminos que dan salida a la producción, una buena planificación y una disposición en el espacio bien estudiada, a diferencia de las edificaciones en la agricultura minifundista. La Finca de Osorio en Teror, propiedad del Cabildo de Gran Canaria, es un magnífico ejemplo de antigua hacienda, donde aún se pueden comprobar en activo el alpendre de vacas, las cuadras, el estercolero y los chiqueros de los cerdos.

En los alpendres, si bien se sigue el patrón normativo de cualquier espacio para la estabulación, marcan la singularidad con la utilización de mejores materiales constructivos, se amplían los espacios y se programan mejores anexos –cuarto de aperos, cuarto de forraje, estercolero, etc.- Entre las grandes innovaciones que se han documentado en la zona norte de Gran Canaria, principalmente en los municipios de Arucas, Gáldar y Santa María de Guía, encontramos que, al diseñar la disposición del pesebre con la finalidad expresa de facilitar el acceso al ganado, se construía una galería paralela en la trasera del comedero que permitía trasladar la comida hasta cada parte del pesebre mejorando la funcionalidad, pues el boyero podía llevar la ración de cada animal a la cabecera del depósito de la comida sin necesidad de trasladarse moviéndose entre las bestias. En este tipo de explotaciones, las que sobrevivieron a la crisis del agua de los años finales de la década de los 70 del siglo XX, es donde comienzan las primeras experiencias en la mecanización de la extracción de leche al ganado vacuno.

El profesor Suárez Moreno, al hablar del modelo de explotación de la ganadería estabulada en la Guía del Patrimonio Etnográfico de Gran Canaria, recoge en un párrafo con gran claridad las características de este tipo de fincas: Estas explotaciones se localizan, preferentemente, dentro de una propiedad agraria mayor, explotada por jornaleros, donde el ganado vacuno es atendido por un pastor profesional, el gañán (o boyero), aunque agricultores o medianeros contaban con un número variable de animales de pesebre, según disponibilidad de forrajes. En estas explotaciones el ganado produce la leche que se comercializa en los centros urbanos, el valioso estiércol, tanto para las fincas como para su comercialización, y la fuerza para el laboreo de la tierra y el transporte, hasta que se introducen, después de los años sesenta, los tractores y arados mecánicos(Suárez, 2005:38).

El estado de conservación de las construcciones ganaderas es, en líneas generales, muy malo, estando abandonadas en su mayor parte. Las frágiles estructuras, carentes de mantenimiento, no han soportado el paso del tiempo. Las techumbres tejadas, la parte más frágil, resentidas, se han sustituido por planchas de zinc primero y de fibrocemento. A la precaridad generalizada se le une el mal estado de la madera de las vigas y puerta y de los muros de mampuesto, aunque la solución que se ha practicado ha sido reformar los alpendres sustituyendo los materiales originales por otros recientes, logrando como resultado una transformación que afecta a la tipología y al uso.

Autor: Francisco Mireles Betancor
Fotografías: FEDAC / Orlando Torres Sánchez

1Hacia 1950-1960 aún se mantenía la estabulación tradicional y (…) las explotaciones mayores. La yunta era aún fundamental para el labrador, tanto para la subsistencia familiar como para el laboreo y fertilización de la tierra” (Suárez, 2008:8).

2 Los bienes etnográficos encuadrados en el grupo “Elaboración de quesos” son escasos y apenas representan un 3'8% de los vinculados a la ganadería. Se trata de cuartos empleados para guardar los quesos y almacenes que se utilizan como lugares para la curación de dicho producto. Un buen número de estos bienes aparecen en los altos de Guía y Gáldar, en torno a San José de los Caideros-Fagagesto-Barranco Hondo, zona de tradición quesera (…). (Ramón, 2002:53).

3 “Hacia 1950-60 aún se mantenía la estabulación tradicional y (…) las explotaciones mayores (…). Según avanza la segunda mitad del siglo pasado, la ganadería vacuna va perdiendo fuerza. Se introducen razas europeas de gran producción lechera y, prácticamente, desaparece la estampa de la gañanía doméstica” (Suárez, 2008:8).

 

BIBLIOGRAFÍA:

MIRELES BETANCOR, F. (2008)
“Los distintos usos y funciones de las cuevas”, en El Patrimonio Troglodítico en Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, AIDER Gran Canaria, 133-145.

PÉREZ VIDAL, J. (1967)
“La vivienda canaria. Datos para su estudio” en Anuario de Estudios Atlánticos, nº13, 41-113. Madrid-Las Palmas, Patronato de la “Casa de Colón”, Cabildo de Gran Canaria.

RAMÓN OJEDA, A. (2002)
La Carta Etnográfica de Gran Canaria: análisis cartográfico estadístico y territorial del inventario de bienes inmuebles de interés etnográfico. FEDAC, Cabildo de Gran Canaria.

SABATÉ BEL, F. (2008)
"El territorio rural como encuentro entre la naturaleza y la cultura humana. Reflexiones sobre su construcción histórica y su crisis contemporánea”, en Rincones del Atlántico, nº 5, tomo I. Tenerife, Rincones del Atlántico, 81-129.

SUÁREZ MORENO, F. (2005)
Guía del Patrimonio Etnográfico de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria. Cabildo de Gran Canaria.

SUÁREZ MORENO, F. (2008)
La tradición ganadera en La Aldea. Grupo El Salem, Salto del Pastor Canario.

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