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Los bienes de interes cultural en el medio rural de Gran Canaria
Patrimonio Etnográfico

El Bien de Interés Cultural (BIC) se constituye como la figura jurídica que la legislación vigente (Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico español y Ley 4/1999 de Patrimonio Histórico de Canarias) propugna para reconocer y proteger las manifestaciones culturales históricas, configurándose como la máxima categoría legal en la protección y tutela de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico.

Esta consideración hacia la protección de los bienes culturales tiene unos antecedentes bien remotos que en nuestra jurisprudencia se retrotraen a los tiempos del Despotismo Ilustrado. La legislación española fue incorporando muy lentamente toda una serie de propuestas que, desde finales del S. XIX y principios del XX, en el continente europeo y América del Norte, comenzaron a implantarse con el objetivo de proteger el patrimonio natural y cultural. Estas nuevas ideas, que iban estableciéndose por los países occidentales, apenas tenían presencia en el corpus jurídico español, y tampoco causaban algún de tipo de repercusión en la protección del Patrimonio Cultural (PC) de Canarias.

Se puede constatar que durante el largo período que abarca desde la Restauración hasta los primeros años de la Dictadura franquista, pasando por la dictadura de Primo de Rivera y la II República, no se produjo ninguna acción concreta para la protección del PC canario. Sería en la década de los años 40 del pasado siglo cuando, paulatinamente, algunos bienes culturales, denominados Monumentos Histórico-Artísticos (MMHA), se irían incorporando -en la práctica de forma testimonial, acorde con los planteamientos acientíficos que imperaban bajo la dictadura-, a la relación de sitios y lugares a proteger por el estado que, en el caso de Canarias, se inició con la declaración del Castillo de La Luz en Las Palmas de GC, como Monumento MHA1. De esta forma, algunos inmuebles históricos y “yacimientos arqueológicos” relevantes de Gran Canaria fueron declarados MMHA, entre los que destacan varios edificios de carácter religioso (Catedral de Santa Ana, Basílica del Pino, …), y otros como El Museo Canario, así como varios sitios de marcado valor arqueológico como la Cueva Pintada de Gáldar, Cuatro Puertas, Los Letreros de Balos, etc.

Hasta después de aprobada la Constitución de 1978, más propiamente, hasta que se realizaron las transferencias de la administración central a la Comunidad Autónoma en materia de cultura, (1984), se declararon en Gran Canaria 28 MMHA, un número que suponía más de la mitad de los hasta entonces declarados en el Archipiélago. Prácticamente, la mayoría de todos ellos están localizados en ámbitos urbanos o rururbanos, emplazados por debajo de la cota 300.

Tras el cambio de sistema político se generó un nuevo aparato legislativo que se concretó en las antedichas leyes que desarrollan las premisas planteadas en el Art. 46 de la actual Constitución, que expone: “Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento de los pueblos de España y de los bienes que lo integran cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La ley sancionará los atentados contra este patrimonio”. Además, el despliegue legislativo y la asunción de las competencias en materia de cultura, permitió, de una parte, el desarrollo de una cierta infraestructura administrativa para la gestión del PC y, de otra la promulgación de la citada Ley de Patrimonio de Canarias que, recogiendo las disposiciones de la legislación general, distingue varios tipos de BIC, clasificando los bienes inmuebles en siete categorías. Así, en función de sus características, la legislación canaria distingue: Monumento, Conjunto Histórico, Jardín Histórico, Sitio Histórico, Zona Arqueológica, Zona Paleontológica y Sitio Etnológico.

En la actualidad, Julio de 2014, la isla cuenta con 97 BIC,s2 (que suponen algo menos de una tercera parte de todos los declarados en el Archipiélago expresamente por la Comunidad Autónoma), de los que 36 se encuentran en lo que consideramos como ambiente rural, algo más de un tercio de los que hay en Gran Canaria. A los efectos, nos hemos ceñido al territorio insular situado por encima de los 300 sobre el nivel del mar (msm) incluyendo, no obstante, algunos casos en zonas rururbanas y/o en espacios naturales protegidos situados por debajo de la citada cota.3

Entre las diferentes categorías de BIC, son las Zonas Arqueológicas las que cuentan con una mayor representación (19 lugares o sitios declarados con esa condición), que supone algo más de la mitad (61%) de todas las ZZAA declaradas en la isla, cifra que alcanza una quinta parte de todos los BICs de Gran Canaria. Sin embargo, el resto de las categorías tienen una escasa representación y solo encontramos 1 Conjunto Histórico (sobre 10), 6 Monumentos (algo más del 15% de todos los de la isla), 7 Sitios Etnológicos y 3 Sitios Históricos que, por el contrario a la escasa representación de los tipos citados, copan el 100 %, respectivamente, de los tipos de BICs de la isla así constituidos.

Con estos datos podemos colegir que la relación de manifestaciones culturales del agro insular, representadas en estos BICs, es manifiestamente mejorable y que, asimismo, debería dársele esta consideración legal a otros muchos sitios, lugares y expresiones culturales vinculadas al mundo rural, singularmente a aquellos que engrosan la lista de bienes de interés cultural incoados y que aún no han conocido su finalización, es decir un reconocimiento expreso a sus valores y su catalogación como BIC. El primer puesto de este listado, si atendemos al momento en el que se produjo la incoación del expediente, le corresponde a la ZA de Guayedra, que se comenzó a tramitar en 1980,hace más de 30 años (!)4.

En situación similar, es decir que aún no cuentan con su declaración como BIC, se encuentran otras zonas arqueológicas tan significativas como el Bentayga y Las Fortalezas, por ejemplo. Asimismo se puede constatar que en esta situación administrativa, de larga espera para su confirmación como BIC, encontramos una preponderancia de las zonas arqueológicas frente a ejemplos del resto de categorías, cuestión que se fundamenta, posiblemente, en la abundancia de este tipo de manifestaciones de la cultura de los antiguos canarios en el solar insular.

En esta situación de espera administrativa se contabilizan, además de las ZZAA citadas (junto a otras del mismo signo que hacen un total de 15, 2 Monumentos, 3 Sitios Etnológicos y un Conjunto Histórico. Esta dominancia del patrimonio arqueológico se ve ampliada con la presencia de un buen número de estaciones rupestres de factura aborigen, aquí localizadas principalmente en el centro-oeste insular, y que por su condición ínsita son BIC,s por ministerio de ley. Entre éstas hay que destacar el relevante descubrimiento de Risco Caído, para el que se promueve su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, debiéndose añadir, con análogo valor, la Cueva de los Candiles, la Cueva de las Estrellas, (así denominada una en Rosiana y otra en Acusa), Cueva Caballero, El Cagarrutal, en el Risco Chapín, la de Majada Alta, etc., estaciones que suponen más del 80% de los yacimientos de arte rupestre de la isla. 5

Esta preponderancia del Patrimonio Arqueológico en la relación de BICs responde, en primer lugar, a la “riqueza arqueológica” (relativa) que encontramos en el “campo”, aunque también es el resultado de una tendencia, con larga tradición entre los estudiosos y gestores de la cultura insular, caracterizada por su apoyo a la protección y conservación del patrimonio prehistórico legado de los antiguos canarios. El resultado de esta labor de distintas generaciones de intelectuales se ve plasmado, a finales del pasado siglo -cuando ya Canarias cuenta con legislación y capacidad administrativa suficiente para gestionar el PC-, en un dato esclarecedor: más del 60% de todos los expedientes relativos a los Monumentos y/o BIC,s localizados en el medio rural grancanario están referidos al Patrimonio Arqueológico.

En cierto sentido, esta tendencia ha variado, pues ya en la primera década del nuevo milenio, aunque de manera muy tenue, se verifican las primeras incoaciones de expedientes, y posterior declaración de BICs de tipo etnológico, los que seguramente enmarcan de forma más ajustada las manifestaciones del patrimonio cultural vinculadas al hecho rural.6En efecto, entre 2000 y 2014 se propusieron para su formulación como BIC, con la categoría de Sitio Etnológico, 10 lugares o inmuebles de la isla, todos ellos ubicados en ámbito rural, de los que 7 cuentan ya con tal consideración de BIC. Sin embargo, y a pesar de ello, hay que apuntar que ésta es aún una muestra muy reducida, no solo en cuanto a guarismos, sino también a la práctica inexistencia de otras tipologías, como Sitios o Conjuntos Históricos, por ejemplo, de los cuales -entendemos- hay sobrados ejemplos que deberían contar con las garantías máximas para su protección y conservación.

Es cierto -a los datos nos remitimos- que el PC vinculado al mundo rural es hoy en la isla una asignatura pendiente, debiéndose señalar no obstante las labores que desde finales del pasado siglo se han venido realizando, destacando alguna de ellas como la elaboración de la Carta Etnográfica de Gran Canaria, varios trabajos de investigación sobre antropología cultural (entre los que debemos incluir la realización de tesis doctorales), o propuestas de “desarrollo comunitario” que reivindican la recuperación de tradiciones y oficios artesanales, etc. Sin embargo, aún podemos comprobar que hay multitud de elementos representativos de la cultura campesina, de muestras de la cultura popular, de manifestaciones rurales que no cuentan con el grado de consideración que supone su declaración como BIC.

De forma meramente indicativa se puede establecer una larga lista de bienes culturales que no han conseguido la máxima consideración –o tan siquiera ninguna- para su protección, desde las actividades agropecuarias tradicionales (sus producciones y oficios propios y otros artesanales), pasando por el patrimonio hidráulico, el industrial, el marinero, los caminos, etc., etc. Hablamos pues de un elenco de muestras del Patrimonio Rural muy importante que no goza de la atención que merece. Pensemos, por ejemplo, que 30 años después de que se iniciase el expediente de declaración Bien de Interés Cultural de La Atalaya de Santa Brígida, uno de los principales referentes en la peculiar producción cerámica insular, caracterizada por la técnica del urdido, que varios investigadores vinculan con la cultura de los antiguos canarios, aún no cuenta con el reconocimiento administrativo que entendemos precisa7.

Por fin, tampoco se han de olvidar en esta lista otros aspectos fundamentales del PC, los Bienes de Interés Cultural Muebles y el Patrimonio Cultural Intangible, particularmente el patrimonio oral, de los que tampoco contamos, en el medio rural, con ninguna representación de esta índole tratada como BIC.

Obviamente, somos de la opinión de que el mero hecho declarativo no supone más que un ornamento si no hay, como viene al caso, una gestión que dinamice los objetivos inherentes a la declaración de BIC. Lo realmente sustancial es que se faciliten los mecanismos administrativos y medios necesarios para articular planes de actuación y gestión que permitan su conservación, protección y difusión. Es fundamental un mayor compromiso e implicación social en la búsqueda de mecanismos que permitan activar cuanto antes estos bienes culturales para que, después de ser tratados, científica y administrativamente, puedan ser ofrecidos al gran público con todas las garantías; es importante y necesario impulsar una nueva manera de gestionar, en lo que se refiere a las políticas de protección y difusión del patrimonio cultural, planteada como alternativa a aquellas otras políticas exclusivamente “declaracionistas”.

La declaración de BIC de las manifestaciones culturales rurales que por sus valores así se considere, se nos descubre –siempre que haya una gestión coherente- como un mecanismo sugestivo y capaz que puede aportar múltiples opciones para las ciencias históricas, para el desarrollo local, para la oferta complementaria turística, para su contemplación por el ciudadano universal e, indefectiblemente, para la interpretación y educación ambiental, para los estudiantes, para las nuevas generaciones que precisan de información sobre quiénes hemos sido, socialmente, y que se preguntarán, si no somos diligentes, por qué las generaciones pasadas, no fuimos capaces de conservar un patrimonio que ellos quizás no puedan disfrutar y tampoco transmitir a sus sucesores.

Autor: Carlos García García
Fotografías: Orlando Torres Sánchez

1BOE de 26 de Julio de 1941. Base de Datos del Ministerio de Cultura

2 Esta cifra no contempla las estaciones de arte rupestre, que cuentan por mandato de ley con la consideración de BIC.

3No hemos incluido en nuestro análisis los BICs localizados en las capitales municipales ubicadas por encima de los 300 msm, pero por debajo de la cota 600. Consideramos que la preeminencia en estos lugares del sector servicios y de su uso residencial les aleja en estos tiempos de su estimación como rural.

4RESOLUCION de 24 de Noviembre de 1980 de la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas (BOE nº 22, de 28 de Enero de 1981).

5En la relación aportada y en las comparaciones porcentuales hemos cotejado todos los BICs sin distinguir si su categoría alcanza el interés para la Comunidad Autónoma, o es de ámbito Provincial (propio de algún caso de declaración de MMHA en época preconstitucional), o local.

6Según vemos en la Ley, sitio etnológico se define como el “lugar que contiene bienes, muebles o inmuebles, representativos de los valores propios de la cultura tradicional o popular”. (Art. 18.g)

7RESOLUCION de 21 de marzo de 1986, de la Dirección General de Cultura, por la que se incoa expediente para la declaración de Conjunto Histórico- Artístico, a favor de Las Cuevas y Hornos del Centro Alfarero de la Atalaya, Santa Brígida.

 

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MOLINO DE LOS BARBER. Vega de San Mateo
CENOBIO DE VALERÓN. Santa Mª de Guía de G.C.
CUEVA PINTADA. Gáldar
MOLINO QUEMADO. Mogán
NECRÓPOLIS DEL MAIPEZ DE ARRIBA. Agaete
SALINAS DE TENEFÉ. Santa Lucía de Tirajana
LA FORTALEZA. Santa Lucía de Tirajana
MOLINO DE AGUA. Firgas


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