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La cultura del agua - La importancia del agua en Gran Canaria
Patrimonio Etnográfico

Existe constancia presencial de la preocupación por el agua de nuestros antepasados, los antiguos pobladores de Gran Canaria, anteriormente a la conquista. Excavando la roca y acanalándola fueron realizando pequeños depósitos y acequias, cazoletas y canalillos”, donde poder ir almacenando y trasladando las aguas. Así lo han acreditado documentalmente los arqueólogos que trabajan sobre el terreno en busca de respuestas a nuestros orígenes.

Tras la conquista por los Reyes Católicos, en sus primeras decisiones, se encuentra el reparto de las tierras entre sus representados como tributo por la gesta. Pero estas propiedades, para garantizar su productividad, debían estar vinculadas” al agua, en aquellos momentos proveniente de las lluvias, nacientes y escorrentías”. De esta forma se consagraba la unión y el principio de importancia de la agricultura como recurso de supervivencia y del agua como elemento principal para la vida, alianza que solo se verá rota por la especulación que con el tiempo acompañará al agua y la tierra. La conflictividad se generó en el futuro con más propietarios y nuevas tierras habilitadas para el cultivo, así como nuevos usos: molinos e ingenios. Las disputas por las aguas ya adjudicadas, realengas” o aguas “nuevas”, se convirtió en un problema con signos de guerra civil; esta problemática se ha mantenido muy avanzados los siglos, lo que ha obligado cada vez más a buscar nuevos recursos y formas de hacerse con el elemento líquido tan deseado y necesario.

La historia de la conquista de la tierra y el sometimiento de los antiguos pobladores es paralela e igual de intensa que la de las aguas. Con el crecimiento de la población y la intensificación de los cultivos agrarios en las partes bajas de la isla y, principalmente, en la incipiente ciudad de Las Palmas, aumentó en gran medida la demanda de agua que atendiera las diferentes peticiones, para las que se tuvieron que buscar soluciones en aquellos lugares donde el agua fuera de mayor presencia y permanencia, como eran las zonas de medianías y cumbres de Gran Canaria.

El 26 de Julio de 1501, “Merced del agua de Texeda para propios desta ysla”, Los Reyes Católicos D. Fernando y Dña. Isabel, en Real Cédula autorizan el trasvase de las aguas del naciente de La Mina, en la cuenca de Tejeda, a la cuenca de Las Lagunetas (Vega de San Mateo), cauce del barranco Guiniguada, con la realización de un túnel de 300 metros de longitud, toda una proeza de la ingeniería de la época. Su finalidad: traer las aguas hasta la ciudad de Las Palmas, convirtiéndose así en la obra hidráulica más importante del archipiélago en aquellos momentos, para disgusto de los oriundos de Tejeda.

“La propiedad” del agua -y el reparto de las mismas en tiempo y cantidad- ha contado con un derecho y condición jurídico específico y autoregulado por sus propias normas y reglamentos a través de las Heredades de aguas y Comunidades de regantes, también responsables de la vigilancia (“policía de agua”), mantenimiento y reparación de sus propias instalaciones.

El binomio tierra y agua, en Gran Canaria, y Canarias en general, está ligado a las afirmaciones de valiosa y escasa, especialmente con la proliferación de cultivos para el autoconsumo y principalmente los expansivos para la exportación, sumando los ingenios e industrias que como fuerza matriz tienen al liquido, lo que supone una mayor demanda de agua, llevando a la sociedad canaria a la retención, entre ellas, de las producidas por la lluvias en su discurrir hacia el mar y la búsqueda desesperada de aguas subterráneas. Para ello han convertido la isla en un gran laboratorio de exploración de las mismas, creando paralelamente toda una actividad económica ligada a oficios que respondieran a las necesidades de capturas de nuevas aguas, con las dramáticas consecuencias de una tierra multi-perforada y un acuífero herido.

Los pozos, perforaciones verticales de profundidades entre 100/300 metros con diámetros de 3 metros aproximadamente, realizados inicialmente con técnicas primitivas, “a pico y pala, y como nos recuerdan los trabajadores de dicha actividad, mediante el trabajo de los poceros “a brazo”. Instalaciones que se encuentran en los parajes más insólitos, y que los podemos contar por miles, repartidos en toda la geografía de la isla. Pequeñas construcciones aisladas, “casa de maquinas”, con características comunes donde cobijar la maquinaria y útiles adecuados para la extracción de agua desde las profundidades.

Las galerías y minas son otro tipo de perforaciones, éstas horizontales, con longitudes que van desde los cientos a miles de metros, con anchos de 0.70 y 1 metro, y altos de 1,60/1,70 metros. Se realizan en busca del alumbramiento de agua para extraerla al exterior para su conducción, almacenamiento y posterior utilización, también se cuentan por cientos.

Con ello se ha ido tejiendo una red de instalaciones e infraestructuras hidráulicas: pozos, galerías, minas, campanas, acequias, tuberías, cantoneras, estanques de sol, estanques de cuevas, aljibes, balsas, presas, albercones, a lo que se le suma los múltiples artilugios e inventos propios, para la extracción y tratamientos de agua.

Debemos referirnos, también, al sistema singular de pesas y medidas relacionado con el elemento líquido: Azada, hora, dula, cuarta. Y el precioso pesador” y distribuidor de aguas con un infalible sistema de control de paso sostenido por caudal y tiempo, como es la cantonera.

El lenguaje unido al ámbito de las aguas y a oficios nacidos al discurrir de las mismas: acción, acogida, acometida, albricias, barrenista, barrula, bocamina, brocal, choricera, claveros, etc. El aprendizaje de los pastores y agricultores canarios a dialogar con las nubes, las cabañuelas”, transmitiendo sus conocimientos cuando según la posición y circulación de las mismasaberruntaban tiempos de lluvias tan deseadas, como aviso a los “alisteros para preparar y limpiar acequias y tomaderos”.

El agua, ha contribuido de una forma muy decidida a construir el paisaje singular de Gran Canaria, con barrancos, barranquillos, espacios agrícolas, lugares de secano, umbrías y solanas, que con el tiempo se ha convertido en un atractivo recurso económico en sí mismo.

Tan importante ha sido la lucha contra la escasez y los tiempos de sequías que ha formado una conciencia ciudadana de estar frente a un elemento escaso y valioso, propiciando una cultura del ahorro al alcance domiciliario, personal y una reutilización para lo agrícola, imponiéndose, cada vez más, sistemas de riego donde imperan el mínimo consumo para producciones generosas, quedando de esta forma cerrado el círculo del ciclo del agua.

El conjunto de todo ello es denominado con total razón como “la cultura del agua”, lo que ha llevado a convertir a las islas Canarias y concretamente a Gran Canaria, en un museo al aire libre único en el mundo, relacionado con la búsqueda, extracción, conducción, almacenamiento y tratamientos de aguas, y la incidencia de la misma en el paisaje insular.

Autor: Miguel Hidalgo Sánchez
Fotografías: Orlando Torres Sánchez

BIBLIOGRAFÍA:

GONZÁLEZ NAVARRO, José
El patrimonio hidráulico en la prehistoria de Gran Canaria. La cultura del agua en Gran Canaria.

Heredades de Las Palmas y Dragonal, Bucio y Briviesca. V Centenario 1501 - 2001, Túnel de La Mina de Tejeda.

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CANTONERAS DEL MOLINO. Arucas
ACEQUIA EN BARRANCO DE LA VIRGEN. Valleseco
CANTONERA REAL. Arucas
EL CALETÓN. Artenara
POZO EL GALEÓN. Santa Brígida


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