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La alfarería tradicional en Gran Canaria
Artesanía (taller)

A lo largo y ancho del territorio insular, todavía hoy, a pesar de los profundos cambios económicos, sociales y geográficos que ha experimentado Gran Canaria, podemos contemplar vestigios o testimonios de antiguos modos de vivir, de trabajar, de aprovechar los recursos naturales, de concebir, en definitiva, la vida nuestros antepasados, (túmulos, cazoletas, pinturas y grabados rupestres, almogarenes, casas de piedra, eras, cantoneras, lavaderos, casas-cuevas, molinos, etc.).

Dentro de este conjunto de bienes que nos transportan y nos descubre nuestro pasado, destacamos hoy, la actividad alfarera, pues, prácticamente en cualquier rincón de nuestra isla, en aquellos lugares donde ha habido durante siglos un asentamiento, podemos localizar pequeños trozos de cerámica, que nos desvela que fue una labor muy demandada por la población y por lo tanto profusamente practicada a lo largo de los siglos.

El trabajo de la alfarería o de la loza se caracteriza, además, por ser una de las labores artesanas que se ha continuado desarrollando durante décadas, sin sufrir transformaciones sustanciales, siendo transmitidos “sus saberes” de generación en generación, conociendo los artesanos “los secretos” para convertir unos simples elementos obtenidos de su entorno: barro, arena, y almagre, ayudados por unas pocas y humildes herramientas, en auténticas joyas cerámicas: ídolos, pintaderas, lebrillos, tallas, sahumadores, etc.

La alfarería es una de las actividades artesanas más antiguas y carismáticas de Canarias. La técnica que la caracteriza, “el urdido”, es muy arcaica, y consiste en moldear el barro totalmente a mano con el objeto de crear objetos útiles.

Esta técnica fue la practicada por la población prehispánica antes de la conquista del archipiélago. La población colonizadora postconquista intentó instaurar la alfarería a torno, pero la plasticidad y comportamiento de las arcillas isleñas complicó esta adopción. Por lo que culminó manteniéndose la técnica anterior, que tan buenos resultados había dado (restos arqueológicos), aunque sufriendo a lo largo de los siglos notables variaciones que le permitieron adaptarse a las necesidades y gustos de la nueva sociedad.

Esta producción pasará a ser conocida como “loza basta” o loza ordinaria”, para diferenciarla de la que llegaba de importación, la “loza fina, y cuya factura era a torno.

Esta labor artesana será ejercida con gran profusión en la Isla (centros loceros) hasta mediados del siglo XX, momento en que este oficio sufrirá una merma considerable en su práctica hasta situarlo en el umbral de la desaparición. La alfarería dejará de ser una actividad suministradora de objetos de uso, y se convertirá en un oficio residual, testimonio evocador de un pasado reciente.

En las últimas décadas la alfarería ha experimentado cierto renacimiento. Por un lado tenemos una línea de actores que abogan con su trabajo por la recuperación y revalorización de los conocimientos técnicos antiguos, y las tipologías aborígenes y tradicionales; y otros que, inspirados en ese pasado, están desarrollando nuevas producciones.

Todo ello nos lleva a pensar que la cerámica canaria, no es algo ya hecho, sino proceso y objeto en evolución.

Como dijimos, el carácter diferenciador de la alfarería canaria, está en el proceso de fabricación, completamente a mano, con escasas particularidades que se repite en todas las islas, estando todos los materiales e instrumentos necesarios en estado natural: agua, barro, arena, almagre, piedras, cañas, etc.

Para un mejor acercamiento, vamos brevemente a exponer una serie de rasgos sobre cada uno de los aspectos técnicos del desarrollo de este oficio, materias primas, cadena de producción, herramientas empleadas, variedad productiva, etc.

1. Herramientas

Las manos del locero o locera son las principales y casi exclusivas herramientas de este oficio, pues ellas son las que captan y preparan los materiales y finalmente levantan las piezas. Los pocos utensilios, con los que se ayudan en algunas acciones del proceso de producción, no se caracterizan por su especialización o por su complejidad; todo lo contrario, es su sencillez su rasgo más identitario. Son objetos diversos y variados que forman parte de la vida cotidiana y que han sido adaptados para que cubran las necesidades que el artesano tiene en su trabajo: trozos de cañas de barranco, cuchillos viejos, cucharas, aros de toneles, cantos rodados, mazos, etc.

2. Materias primas

Todos los materiales empleados en la alfarería son naturales y captados por el artesano de su entorno inmediato:

1.- Arcilla.- Es recolectado en las barreras identificadas por la comunidad de loceros como idónea para esta actividad. Una vez obtenida se traslada al alfar en donde después de haberse dejado secar al sol, habrá que machacarse y limpiarse (quitar piedras y restos orgánicos). A continuación se pondrá de remojo con agua para su esponjado y finalmente será amasada con los pies.

2.- Arena.- La arena es utilizada como desengrasante. Es captada por los artesanos a las orillas de los barrancos cercanos.

3.- Almagre.- Barro de color rojizo, empleado para impermeabilizar las piezas y como pigmento para decorar. Esta arcilla, además de machacada, deberá ser sometida a una molienda con el objeto de obtener un polvo muy fino.

4.- Agua.- Elemento muy importante en todo el proceso de producción, su función es la de hidratar el barro y ayudar a un mejor acondicionamiento de la superficie.

5.- Leña.- Material imprescindible, pues gracias al fuego que se crea con ella en los hornos, el barro se convierte en cerámica. La captación de este material, creemos que ha sido el factor que condicionó la localización de los Centros Loceros Tradicionales en la Isla. Todos los alfares históricos están ubicados cerca de alguna zona boscosa (Monte Lentiscal, Monte Doramas, Monte Tamadaba). Las leñas más idóneas eran: horgaza, vid o cepa, pinocha, sarmiento, retama, etc.

3. Fases del proeceso

1.- Preparación del barro: Los loceros extraen el barro en las barreras y los transportan a su taller. Allí realizan las siguientes acciones: secado, machacado, mondado, mezclar el barro con agua, pisarlo y finalmente sobarlo.

2.- Levantamiento de la pieza: La cadena de producción que se realiza es la siguiente:

  1. Urdido: Se prepara una base plana y circular a la que se irá superponiendo churros o bollos de barro, levantando y modelando la pieza que se quiere realizar.
  2. Primer alisado: Con una alisadera o cayado se alisa o raspa las paredes interiores de la pieza, eliminando las señales de los dedos y granos de arena.
  3. Desbastado, recortado o raspado: Consiste en ir quitando grosor a la pieza algo endurecida y algo húmeda mediante un trozo de caña o aro metálico de barrica, llamado “fleje” en Gran Canaria.
  4. Alisado o aliñado de agua: mojando la mano, y con un cayado poroso o “raspona”, y otro más fino, se va dejando lisa y sin marcas toda la superficie. A continuación se deja secar la pieza.

3.- Pintura o “Almagriao”: Consiste en extender el almagre (pasta fina de arcilla roja mezclada con agua) por toda la superficie o por parte de ella, trazando, a veces, dibujos.

4.- Bruñido: Sobre la superficie de la vasija se ejerce una frotación empleando un bruñidor o cayado de alisar en seco. Con ello se persigue dar brillo e impermeabilidad a la vasija.

5.- Cocción o guisado: En Gran Canaria se han empleado tradicionalmente dos tipos de hornos: uno conformado por una estructura compuesta por una cámara en la que se introduce la loza y la leña y se prende fuego, y un guisadero (empleado exclusivamente en el Centro Locero de Lugarejos, Artenara), y en el que se prepara al aire libre una sencilla estructura basada en trazar una serie de calles con grandes piedras. Sobre estas piedras descansarán las piezas de barro más grandes y, sobre éstas, el resto. Finalmente se cubre todo de leña y se prende fuego.

Antes de ser guisadas las piezas deben haber estado al sol para que estén bien secas.

4. La Producción

La producción en los últimos años ha sido muy escasa. Muchas de las formas que se realizaban hace treinta años han dejado de hacerse, especialmente las de mayor tamaño. Otras se simplifican y de la mayoría puede decirse que han perdido la función para las que fueron creadas, conservando sólo la función estética y decorativa. Dentro de las piezas de fabricación tradicional tenemos:

  1. Para contener líquidos y granos: Bernegales con plato y vaso, tallas, ollas para la leche y tarros de ordeño, cazuelos de vino, etc.
  2. Para el fuego: Fogueros, braseros, sahumadores, calderos, tostador de castañas, hornos para el pan, etc.
  3. Para decoración: Miniaturas, reproducciones de animales (kíkara, palomas, etc.) ídolos, platos para colgar, jarrones, maceteros, etc.

Para poder conservar, conocer y acercar el patrimonio histórico material y técnico de Gran Canaria en general y de la alfarería en particular a la población actual, se requiere que sigamos contando en nuestra sociedad actual con el trabajo de los artesanos quienes deberán poseer y controlar, no sólo los conocimientos técnicos requeridos en la reproducción o restauración de obras y piezas históricas y tradicionales, sino también deberán ser conocedores del contexto histórico del que formaron parte estas piezas.

Autora: Macarena Murcia Suárez
Fotografías: Orlando Torres Sánchez / FEDAC

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La alfarería tradicional en Gran Canaria
CENTRO LOCERO DE LA ATALAYA. Santa Brígida
CENTRO LOCERO DE LUGAREJO. Artenara
PRODUCCIÓN ALFARERA. Artenara
LEVANTANDO UNA PIEZA. Santa Brígida
HORNO EN LA ATALAYA. Santa Brígida


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