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Los centros loceros de Gran Canaria
Patrimonio Etnográfico

En Gran Canaria hasta mediados del siglo XX existían unos pequeños pagos que se caracterizaban por que, durante siglos, gran parte de sus vecinos se habían dedicado a elaborar loza de barro.

Estos conocimientos se adquirían dentro del contexto familiar, los niños aprendían sin darse cuenta desde muy temprana edad ayudando a sus padres en las distintas labores del oficio.

Los últimos centros loceros que llegaron en activo hasta los años setenta del siglo XX son: La Atalaya de Santa Brígida, Lugarejos en Artenara, y el de Hoya de Pineda en Guía y Gáldar. Hasta finales del siglo XIX, sabemos que también estuvieron en activo los Centros de Tunte (San Bartolomé de Tirajana) y Moya.

A continuación señalamos algunos rasgos sobre los últimos Centros Loceros de Gran Canaria, cuya trayectoria alfarera se remonta siglos atrás, y que, gracias a sus últimas loceras y loceros, hemos podido conocer.

Centro Alfarero de Lugarejos (Artenara)

Pago situado en la vertiente norte de este municipio, en la base oriental del macizo de Tamadaba.

Hasta los años 30 del siglo pasado la economía de esta barrio se basaba en el cultivo de los productos agrícolas comunes de subsistencia (millo, papas, hortalizas, etc.) complementadas con los trabajos del aprovechamiento del Pinar de Tamadaba, y con el desarrollo de la actividad alfarera, ejercida sobre todo por las mujeres de la comunidad. A partir de los años 60, esta realidad económica se trunca pues muchos vecinos se ven obligados a abandonar el pago en busca de mejores trabajos y seguridad económica. Ello dará lugar al poco tiempo, no sólo al despoblamiento del pago, sino también al abandono de la actividad locera.

En la actualidad (2014) en Lugarejo, está trabajando de forma parcial una joven que aprendió el oficio de su suegra, antigua locera del lugar.

El desarrollo del oficio en este lugar no es nada extraño si nos atenemos a que todos los materiales necesarios para su ejercicio se podía conseguir fácilmente en las cercanías al pago: el barro se captaba en el Pinar de Tamadaba, la arena, del fondo del barranco de Lugarejo, el almagre o almagra, se recogía en el pago de la Coruña, la leña, en el pinar, piñas, pinocha, ramas, etc. y de los matorrales propio del sotobosque del pinar, jarón, horgaza, retama, escobón, codeso y brezo.

La producción responde a cubrir las mismas necesidades que se demandaba en los otros centros de alfarería histórica: tallas, macetas, lebrillos, cazuelas, tostadores, ollas, soperas, paneras, licoreras, juego de café, etc. Se elaboraban animales como elementos decorativos: palomas, gallinas, patos, etc. Elaboraban jarrones con argollas en las asas y unas peculiares cachimbas.

Centro de Hoya de Pineda (Gáldar-Guía)

Este Centro está localizado en el cuadrante Noroeste de Gran Canaria, en un pago limítrofe entre los municipios de Gáldar y Guía. Se trata de un lugar privilegiado a medio camino entre algunos centros poblacionales muy activos históricamente, tanto en el ámbito urbano y comercial, como en el de la actividad agroganadera. Esta ubicación hacía que los habitantes de este pago pudieran llegar con facilidad a la costa norte, a Agaete, la Aldea, Arucas, Mogán, etc.

No sabemos cuál fue el origen del desarrollo de la alfarería en este centro, pero sabemos que en esta zona se establecieron varias familias de vinculación con la población indígena.

El barro empleado en este Centro se caracterizaba por ser muy limpio de piedras e hidratarse con facilidad, y de fácil abastecimiento, la barrera se localiza en la parte superior de la Montaña de Guía. La arena, se obtenía excavando en la toba de la Montaña de Guía, o junto a las Casas de Ansó. El almagre se obtenía en una veta que está en la orilla de la carretera principal (una de las características de la loza de este Centro, es que no se utiliza mucho almagre). La leña, era captada del complejo cardonal-tabaibal y de los matorrales de sustitución del bosque termófilo (horgazos, retamas, zarzas,...) que tenían cerca. Se abastecían de una amplia zona que va desde Caideros hacia Hoya de Pineda (aunque a veces tenían que ir al Pinar). El abastecimiento se realizaba de forma continua, apropiándose de varios manojos diarios, lo cual podía suponer una o dos guisadas a la semana.

La producción de Hoya de Pineda también responde a la generalidad de objetos elaborados en el resto de los centros loceros, las diferencias con respecto a otros lugares es mínima, si bien es cierto que destacan por ser objetos más prácticos y menos esmerados en la decoración (bernegales, sahumador, jarras para cuajar leche, lebrillos, ollas para calentar la leche, colmenas, etc.). La venta de esta producción era de forma ambulante, las loceras solas, o junto con algunos miembros de la familia (marido, hijos), acudían a los diferentes pagos de la Isla o a los mercados semanales a ofrecer su loza.

Centro locero de La Atalaya (Santa Brígida)

Este Centro está localizado en el cuadrante Noreste de la isla de Gran Canaria. La Atalaya se localiza entre dos grandes núcleos de población (el Real de Las Palmas y Telde) a los que se podía llegar con facilidad gracias a las vías de comunicación y además estaba arropada por el bosque de El Lentiscal. Esta gran masa arbórea fue progresivamente talada para dar lugar a tierras cultivables por los terratenientes, pero antes de desaparecer del todo, les dejó a las loceras locales una riqueza que pudieron explotar, la leña.

Uno de los rasgos de esta comunidad, al igual que ocurriera con la de otros centros loceros, es la de su gran pobreza. La mayoría de los vecinos no tenían tierras ni ganado con el que producir para la supervivencia familiar, generalmente trabajaba como jornaleros. Las mujeres trabajaban a veces en las labores de servicio doméstico o al cuidado de los niños en las casas de los terratenientes. En la Atalaya de Santa Brígida, la última alfarera que estaba en activo, María Guerra, prácticamente se ha retirado, pero afortunadamente la creación del Centro Locero de Panchito (en homenaje al antiguo locero Panchito fallecido en los años ochenta) ha potenciado la recuperación y la divulgación de esta labor, pues a lo largo del año jóvenes artesanos formados con Panchito, imparten sus conocimientos en cursos que se desarrollan a lo largo de todo el año, potenciando no solamente la continuidad de esta técnica alfarera, sino además perpetuando la tipología característica de este Centro Locero.

El barro empleado por estas loceras durante siglos, herencia del antiguo bosque de El Lentiscal, era captado en zonas como Los Estancos, Los Moriscos, o la Concepción (hoy todas estas zonas están construidas). La arena se obtenía en los cauces de los barrancos de Las Goteras, el Farrogo o las Arenillas. El almagre, material caracterizado por su gran concentración de óxido de hierro -y que produce que, a baja temperatura, los materiales arcillosos formen una estructura cerámica más resistente e impermeable- se obtenía cerca de la Cruz de Tejeda. La leña, como indicamos se recogía en el antiguo Monte Lentiscal.

La loza producida fue muy amplia y variada: tostadores, ollas, tallas, bernegales, ollas, lebrillos, hornos, tostadores, sahumadores, etc.

Autora: Macarena Murcia Suárez
Fotografías: Francesca Phillips / Orlando Torres Sánchez

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CENTRO LOCERO DE LA ATALAYA. Santa Brígida
CENTRO LOCERO DE LUGAREJO. Artenara
CENTRO LOCERO DE LA ATALAYA. Santa Brígida
RAFAELITA SANTIAGO SUÁREZ. Santa Mª de Guía


ETIQUETAS

 

Centro Locero de Hoya de Pineda, Sta. Mª de Guía

Centro Locero de Lugarejos. Artenara

Centro Locero de La Atalaya. Santa Brígida