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Recuperar la memoria de los bancales de Gran Canaria: ¿nostalgia u oportunidad?
Paisaje rural

Los bancales, cadenas, terrazas, bocados… Hay todo un mundo de palabras para referirse a ellos (figura 1). Son intervenciones humanas en las vertientes de las montañas y laderas o cauces de los barrancos que consisten en la alteración de su forma y de su funcionamiento hídrico natural para su uso agrícola. Cuando se realizan varios en una misma ladera, en el paisaje resultante se alternan rellanos con escarpes a los que se adosan o no muros de piedra seca. Son el resultado de la ingeniosa adaptación humana a condiciones ambientales adversas para el cultivo (escasez de superficies llanas, de agua y de suelo). Son paisajes culturales en cuya construcción y posterior cultivo se empleó mucha mano de obra y sabiduría popular. Constituyen el legado de nuestros antepasados, quienes cultivaron en ellos el sustento de varias generaciones. Son patrimonio de todos y parte fundamental de nuestra identidad. El conocimiento y el oficio de la construcción de muros de piedra seca han sido reconocidos recientemente (noviembre de 2018) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Y en la lista de Lugares Patrimonio de la Humanidad existen 23 de 106 paisajes culturales con presencia de bancales. Destaca el único que existe en España, el Paisaje Cultural de la Sierra de la Tramuntana (Mallorca), donde los marjades ocupan el 20 % de su superficie.

Estos paisajes fabricados son documentos territoriales que nos informan sobre la evolución del aprovechamiento humano del espacio en diferentes momentos de la historia. En la actualidad, y debido al abandono agrícola que ha tenido lugar en Canarias, con la irrupción del turismo de masas (década de los 60 del siglo XX), se aprecian en ellos las huellas de la recolonización vegetal y de la erosión (figura 2) así como la proliferación de segundas residencias y la práctica de la agricultura de fin de semana (figura 3).

Los bancales han sido y siguen siendo multifuncionales y sostenibles, tanto en su construcción (Grove y Rackham, 2001 y Tarolli et al., 2014) como en su gestión (Scaramellini, 2005; Lasanta et al., 2011 y 2013; Romero et al., 2004, 2006, 2014; Romero, 2015; Varotto, 2015 y Noriyuki, 2015). Se realizaron fundamentalmente para la producción de alimentos (función productiva) y la fuerte inversión en mano de obra (capital humano) que se empleó en su construcción ha hecho que se les conozca como los paisajes del hambre (Gómez Orea, 2007). También se construyeron para favorecer la infiltración y controlar la erosión hídrica (arroyamientos y movimientos en masa) (Tarolli et al., 2014) al tiempo que se ha demostrado que son altamente eficaces en la regulación hídrica de vertientes, cauces fluviales, cuencas y acuíferos (Arnáez et al., 2015), en la prevención y extinción de incendios, así como en la recuperación de zonas quemadas (función ambiental).

      

Los bancales tradicionales son elementos de identidad, de la cultura de la subsistencia, de la escasez de suelos y de la economía del agua. En definitiva, de la cultura de la necesidad (función cultural). Representan una manera de entender el territorio y su biodiversidad de la que resultan construcciones, en muchas ocasiones, de gran belleza y solidez (función estética). Esta última cuestión repercute en el sentimiento de pertenencia de sus habitantes y ha sido muy reconocida por los artistas y por la sociedad en general. Por último, también han cumplido una función social importante, pues el tipo de tareas que se desarrollaban tradicionalmente en ellos implicaba la organización del trabajo en comunidad y el refuerzo de lazos entre los componentes de esta.

A la lista de funciones señaladas se le pueden añadir otras tantas que pueden servir a las actuales demandas sociales y que contribuyen a que pensemos y consideremos los paisajes de bancales como paisajes de oportunidades. Destacan, entre otras, su uso como recurso turístico, vinculado al agroturismo, al turismo rural, al turismo lento o como recursos patrimoniales a integrar en rutas temáticas (función productiva); como laboratorios o aulas donde investigar y enseñar todo lo relacionado con estos agrosistemas (función científico-educativa); como filtros verdes (swells) para la depuración de aguas residuales en áreas rurales marginales (función asimilativa) o para la mitigación de los efectos del cambio climático ( Kendall y Den Ouden, 2008) (función ambiental).

Ante lo expuesto, cabe preguntarse qué se conoce sobre los bancales de Gran Canaria. Se sabe que es una isla montañosa y profusamente incidida por una red radial de barrancos, por lo que las superficies llanas son escasas y predominan las laderas de sus numerosas cuencas hidrográficas. Las sociedades que la habitaron antes de la conquista castellana eran agroganaderas, por lo que se puede decir que ha sido una isla con una fuerte identidad campesina desde su prehistoria, como señala Javier Velasco: «Los antiguos canarios eran una sociedad campesina que se proyecta en el tiempo y cuya mirada no solo se dirigía al cielo, sino también y, sobre todo, a la tierra» (Velasco en Morales, 2019:11), condición que perdura hasta mediados de siglo XX.

   

Aunque se sabe que los antiguos canarios construyeron muros de piedra seca, no se puede constatar aún si los bancales más primitivos de esta isla datan de ese largo período. Es probable que realizaran muros de pequeñas dimensiones (< 1 metro de altura) fruto del despedregado del terreno para, posteriormente, dedicar las tierras a la siembra de cereales (fundamentalmente cebada o azomatan) y de legumbres (lentejas, habas y arvejas), cultivos que conformaban junto con los higos su dieta alimenticia. Algunos historiadores sostienen que fue tras la conquista y con la inmediata introducción de la caña de azúcar en la isla cuando comenzó el proceso de fabricación de tierras en bancales, que se inicia en los cauces de los barrancos y se desplaza hacia las laderas y cabeceras de las cuencas más fértiles. El proceso de construcción de la superficie abancalada de esta isla siguió una línea ascendente con dos picos que coinciden con los de máximo crecimiento demográfico de mediados de los siglos XIX y XX. La extensión del cultivo del plátano por el norte de Gran Canaria supuso el último gran episodio de fabricación de bancales de la historia de la isla, para lo que se invirtió mucho capital en la construcción de los llamados bancales ingleses de plataneras.

La diversidad de condiciones ambientales (topoclimáticas, edáficas, litológicas, etc.) y de aprovechamiento humano de las laderas (tipo de agricultura y productos agrícolas) son los factores que condicionan la diversidad de paisajes de bancales que existen en la isla de Gran Canaria, lo que los convierte en espacios de gran atractivo para el turismo sostenible.

La identificación e inventario de la superficie abancalada de la isla es una tarea que está por hacer. La primera aproximación al análisis espacial (figura 4) muestra una isla con una considerable superficie de bancales que abarca el 36 % de su superficie y en la que además las cuencas ubicadas en la vertiente de barlovento están mucho más abancaladas (el doble) que las de sotavento. Entre las cuencas de barlovento destacan la del Guiniguada y Guayadeque, ambas situadas en el cuadrante NE de Gran Canaria, con alrededor del 70 % de su superficie ocupada por bancales.

En una investigación realizada sobre la evolución y estado actual de los bancales de la cuenca del Guiniguada, que comprende los municipios de Las Palmas de G. C., Santa Brígida y Vega de San Mateo, se comprueba que la pérdida de superficie abancalada para su uso agrícola, en los últimos 50 años, afecta a alrededor del 43 % de la misma. Esa pérdida de patrimonio de bancales se produce por el crecimiento urbano en la costa y medianías bajas, mientras que las repoblaciones y la recolonización natural son los procesos que se han desarrollado en los sectores de cumbre de la misma (Romero, 2015).

Ante la situación descrita, de abandono, degradación y olvido de los paisajes en bancales en Gran Canaria, cabe proponerse un gran reto: su salvaguarda. Se sugiere, con carácter de urgencia, el rescate de la memoria de los bancales a través de los mayores (última generación de agricultores) para aprender del pasado; la realización del inventario y diagnóstico de los bancales grancanarios para comprender el presente y la cartografía de oportunidades de los bancales para abordar el futuro. A través de la conservación activa de muchas de las áreas abancaladas de Gran Canaria, podrán alcanzarse muchos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (2016-2030) de la ONU.

Lidia Esther Romero Martín. Dra. en Geografía, Grupo de investigación de Geografía Física y Medioambiente. Instituto de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG), ULPGC

 

Figura 1. Un mundo de terrazas. Donatella Murtas (diseño), Laboratorio Zanzara (diseño gráfico). Miembros de ITLA de todo el mundo. Italia, III Reunión Internacional ITLA 2016. En el marco inferior aparece el listado de Canarias.

Figura 2. Paisajes de bancales en Juncalillo (Gáldar): en la década de 1970; Günther Kunkel, FEDAC, ©Cabildo de Gran Canaria (superior); y en 2019, ©Rincones del Atlántico (inferior).

Figura 3. Paisajes de bancales de Las Lagunetas (Vega de San Mateo) década de 1960. Günther Kunkel (superior) y archivo de Fotografía Histórica FEDAC, Cabildo de Gran Canaria, en 2019. Rincones del Atlántico (inferior) 

BIBLIOGRAFÍA:

Bibliografía

Arnáez, J., Lana-Renault, N., Lasanta, T., Ruiz-Flaño, P. y Castroviejo, J. (2015): «Effects of farming terraces on hydrological and geomorphological processes». A review. Catena, 128, 122–134.

Gómez Orea, D. (2007): Ordenación Territorial. Madrid. Mundi Prensa.

Grove, A. T. y Rackham, O. (2001): The nature of mediterranean Europe: an ecological history. New Haven, Yale University Press.

KendaLL, A. y Den Ouden, G. (2008): «Terrazas, una infraestructura agrícola como contribución a las estrategias de manejo de riesgos climáticos» XII Congreso de Historia Agraria. Sesión I: Historia Agraria y Agricultura Sostenible. Córdoba, 1–32.

Lasanta, T., Arnáez, J., Ruiz-Flaño, P. y Ortigosa, L. (2011): «Los bancales en la montaña mediterránea. Un paisaje multifuncional en proceso de degradación» en Territorio, paisaje y patrimonio rural (Berrocal, L., coord.), Cáceres, Universidad de Extremadura, 198–209.

Lasanta, T., Arnáez, J., Ruiz-Flaño, P. y Lana-Renault, N. (2013): «Los bancales en las montañas españolas: un paisaje abandonado y un recurso potencial». Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, nº 63, 301–322.

Morales, J. (2019): Los guardianes de las semillas. Origen y evolución de la agricultura en Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria.

Nogué, J. (2010): «El paisaje en la ordenación del territorio. La experiencia del Observatorio del Paisaje de Cataluña». Estudios Geográficos nº71(269), 415–448.

Noriyuki, J. (2015): «Comparación de la política de terrazas entre Perú y Japón» en II Congreso Internacional de Terrazas. Encuentro de culturas y saberes de terrazas del mundo (Tillmann, T. y Bueno de Mezquita, M. eds.), Cuzco, 354–365.

Romero, L., Ruiz-Flaño, P. y Hernández, L. (2004): «Propuestas de calidad para la conservación de espacios agrícolas abancalados. Propuesta metodológica para la cuenca del Guiniguada (Gran Canaria, Islas Canarias)». Geographicalia, nº 45, 113–127.

Romero, L., Ruiz-Flaño, P., Máyer, P., Pérez-Chacón, E. y Hernández, L. (2006): «Recuperación de bancales: un ensayo metodológico en la cuenca del Guiniguada (Gran Canaria, Islas Canarias)» en Geomorfología y Territorio. Actas IX Reunión Nacional de Geomorfología (Pérez Alberti, A. y López Bedoya, J. eds.). Santiago de Compostela, 933–943.

Romero, L., González, A., Máyer, P., Ruiz-Flaño, P., Pérez-Chacón, E. y Hernández, L. (2014): «Propuesta metodológica para la valoración, conservación y recuperación del patrimonio de bancales: un ensayo en la cuenca del Guiniguada (Gran Canaria, Islas Canarias, España)» en II Congreso Internacional de Terrazas. Encuentro de culturas y saberes de terrazas del mundo (Tillmann, T. y Bueno de Mezquita, M. eds.). Cuzco, 302–315.

Romero, L. (2015): Consecuencias geomorfológicas del abandono agrícola en la cuenca del Guiniguada (Gran Canaria, Islas Canarias): Aplicación a la conservación del patrimonio de bancales. Tesis doctoral inédita. Departamento de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

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Tarolli, P., Preti, F. y Romano, N. (2014): «Terraced landscapes: From an old best practice to a potential hazard for soil degradation due tol and abandonment». Anthropocene. Disponible en http://dx-doi.org/10.1016/j-an-cene.2014.03.002 (23. 3. 2015).

Varotto, M. (2015): «Terraced landscapes of the Alps: Decay, rediscovery, revitalization» en II Congreso Internacional de Terrazas. Encuentro de culturas y saberes de terrazas del mundo (Tillmann, T. y Bueno de Mezquita, M. eds.). Cuzco, 38–48.

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Bancales las Lagunetas 1960
Bancales las lagunetas 2019