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El pastoreo para la prevención de incendios y la gestión del paisaje en Gran Canaroa
Bosque (pinar, palmeral, laurisilva)

Los incendios modernos: los grandes incendios forestales

Los grandes incendios forestales constituyen una de las mayores preocupaciones ambientales en la actualidad además de un problema de seguridad ciudadana. Año tras año, vemos cómo los incendios forestales amenazan amplias zonas boscosas. Estremece ver cómo arde Gran Canaria y cómo estos incendios llegan incluso a quemar casas y poner en riesgo la vida de las personas.

Esos grandes incendios son cada día más extensos y pueden afectar miles de hectáreas en un día. Con llamas de más de veinte metros y unas velocidades nunca vistas hasta ahora, los bomberos forestales de todo el mundo se ven sobrepasados ante este fenómeno nuevo, que devora todo lo que se le pone en su camino.

Efectivamente, los grandes incendios forestales son algo nuevo, son una creación de los países industrializados, de las sociedades «modernas». Durante el siglo XX, nuestra sociedad sufrió un profundo cambio al sustituir las principales fuentes de energía y un paulatino pero progresivo abandono del medio rural y de las actividades tradicionales.

Los antiguos bancales antes extensamente cultivados, las zonas pastoreadas y los bosques aprovechados dieron paso a zonas abandonadas, recubiertas por densos e inflamables matorrales. La leña, que hasta entonces había servido para cocinar, calentarse, iluminar, construir viviendas, etc., se vio desplazada por la electricidad y el gas. Hoy en día, en nuestras modernas casas tenemos muebles de madera escandinava, cocinamos con vitrocerámica, consumimos papas del Reino Unido y nuestra energía se basa en combustibles fósiles que vienen de los lejanos desiertos de Arabia. Mientras tanto, a nuestro lado, los bosques acumulan desmesuradas cantidades de combustible forestal que dan lugar a los grandes incendios forestales.

Como solución, las políticas de lucha contra esos incendios pavorosos se han centrado en contratar más y más medios de extinción para apagar las llamas. Y hay que reconocerlo, hemos fracasado. Las ingentes cantidades de dinero público invertidas en la adquisición de helicópteros y en la contratación de más bomberos forestales no han solucionado el problema. De hecho, lo han agravado. Paradójicamente, el aumento en la efectividad al apagar incendios ha provocado una mayor acumulación de combustible forestal, caldo de cultivo para los futuros grandes incendios forestales estivales.

Las resplandecientes llamas nos han deslumbrado. Hemos puesto todo nuestro empeño en intentar apagarlas sin ver que el verdadero problema no estaba en la llama. Detrás del humo, hemos vislumbrado por fin el causante: el combustible forestal, la biomasa acumulada, el abandono del medio rural.

Gran Canaria Pastorea: el programa de ovejas y cabras bombero de la isla

Ante este nuevo y complejo reto, el Servicio de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria lleva años colaborando con los pastores para utilizar a la cabaña ganadera de la isla para reducir la biomasa. Más de 8 000 cabras y ovejas complementan el servicio de prevención de incendios de la isla. Estas nuevas funcionarias son ovejas y cabras bombero que realizan labores de prevención de incendios en las cumbres, cortijos, calderas y barrancos. (FIGURA 1)

Bajo el lema «la mejor manera de afrontar el problema es comérselo», los pastores utilizan ahora a sus ganados como desbrozadoras y cortacésped en el medio natural porque son una herramienta efectiva, económica y ecológica de prevención de incendios forestales.

Y también social. La actividad pastoril favorece el desarrollo y la economía de las zonas rurales al evitar así su despoblamiento y es una práctica tradicional con valor histórico y etnográfico, fuente de recursos (queso, leche, carne, lana, etc.) de calidad, sostenibles y de cercanía.

Es cierto, es una paradoja. Un oficio ancestral, visto por muchos como antiguo, se convierte ahora en la solución para problemas modernos del siglo XXI. Los pastores y pastoras de este nuevo siglo ya no son meros productores de alimentos, sino que se han convertido en gestores del territorio, el paisaje y la biodiversidad. Y, cómo no, agentes activos en la prevención de incendios forestales.

A cambio, es de justicia recompensarles por este servicio que están prestando a la sociedad. El Cabildo de Gran Canaria, sensible a este hecho, llegó a un acuerdo con ellos (FIGURA 2). Gracias al Fondo Verde Forestal, los pastores percibirán una remuneración por su labor en la prevención de incendios forestales. Esta moderna herramienta financiera, conocida como Pago por Servicios Ambientales (PSA), pone a Gran Canaria junto con otros territorios en la vanguardia de las compensaciones por la custodia del territorio.

El presente año va a ser el inicio de este sistema de remuneración. Los técnicos de la corporación diseñan las zonas estratégicas donde las cabras y las ovejas, dotadas con collares GPS, puedan ser más efectivas reduciendo la vegetación. La correcta planificación tiene en cuenta las poblaciones de especies protegidas y las cargas ganaderas en los Espacios Naturales Protegidos. El pastoreo ordenado se convierte así en una de las principales actividades sostenibles en el marco de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y la isla en general.

Entre las zonas estratégicas, destacan los barrancos. En la actualidad, muchos se encuentran poblados por densos e impenetrables cañaverales. La caña común, anteriormente muy apreciada, se ha convertido en una plaga debido a su abandono. Junto con las palmeras, genera unos incendios que están fuera de capacidad para los servicios de extinción (FIGURA 3).

Para que las ovejas y las cabras puedan pasar, primero hay que abrir el cañaveral. Se utilizan desbrozadoras para cortarlo, pero también se están realizando experiencias con burros, llamados Los Legionarios. Estos son la avanzadilla que va abriendo camino y tronchando las cañas a su paso. Así, la infantería de cabras y ovejas pueden, posteriormente, hacer mejor su trabajo.

Al ganado le encanta los brotes tiernos de caña, por lo que el paso continuado de estos rebaños convierte el cañaveral en un prado, lo que elimina el riesgo de incendios forestales. En la actualidad, se vienen gestionando por este método más de treinta barrancos en toda la isla.

Los principales ejes de cresta son otro de los puntos estratégicos. Concebidos para partir la isla en trozos, como si de un pastel se tratara. Un gran incendio forestal podrá afectar a un trozo, pero le será más difícil saltar al siguiente. Esto se pudo ver en el último gran incendio forestal que se originó en Tejeda, en septiembre de 2017, el incendio se paró en el monte Constantino (FIGURA 4) gracias al cortafuego creado por las ovejas del pastor Genaro López. O en la zona de la Caldera de Los Marteles, donde el trasiego del rebaño del pastor Chano Zacarias impidió que el fuego se adentrara en el barranco de Guayadeque. 

Las zonas pastoreadas son una pieza más del paisaje mosaico en el que deben convertirse las medianías y cumbres de Gran Canaria. Junto a los campos agrícolas cultivados, zonas abiertas o los diferentes tipos de bosques, estas diferentes piezas obstaculizan al fuego. Los grandes incendios forestales se mueven muy rápido por bosques y matorrales extensos y homogéneos, por lo que un paisaje diverso y en mosaico es nuestro mejor aliado.

En definitiva, un medio rural vivo y dinámico es la receta para prevenir los grandes incendios forestales. Todos podemos contribuir a generar ese paisaje al consumir productos locales de Gran Canaria. Porque detrás de cada papa del país, hay un campo de papas, que es un magnífico cortafuego. Porque detrás de cada copa de vino, hay unos limpios viñedos que frenan el avance del fuego. Porque detrás de cada queso de pastoreo, hay cientos de ovejas y cabras bombero que prevén los incendios forestales.

Nuestros pastores están en peligro de extinción, pero aún estamos a tiempo. La creación de la nueva Escuela de Ganadería y Pastoreo de Gran Canaria es un gran paso para asegurar el relevo generacional. El Pago por el Servicio Ambiental de prevención de incendios forestales será otro. Porque no podemos permitir que se extingan. Si desaparecieran los pastores, habría que inventarlos de nuevo.

Sin ellos, nos quedaríamos sin nuestros quesos artesanales, que son una joya gastronómica a nivel mundial. Con leche cruda, hechos a mano y madurados en cuevas, dentro de cada queso viaja el territorio y una forma de vida. Una forma de vida trashumante, de movimientos estacionales de los ganados con más de 2 000 años de antigüedad. Una práctica ancestral en busca de nuevos pastos, en busca de la eterna primavera. Una de las manifestaciones culturales más antiguas de toda Canarias, patrimonio cultural inmaterial de todos los grancanarios que debemos salvaguardar.

Nuestros pastores y pastoras son nuestros mejores aliados contra el fuego. Crean paisajes de gran belleza, productivos y resistentes a los incendios forestales. En nuestras manos, de la administración y de la ciudadanía, está la posibilidad de que este oficio perviva, que se adapte a los nuevos tiempos ante un nuevo contexto de cambio climático. Unos pastores y pastoras del siglo XXI, gestores del territorio y del medio ambiente, que nos ofrecen una isla más segura, verde y sostenible.

 

Figura 1. Gran Canaria Pastorea. El programa de cabras y ovejas bombero

Figura 2. Acuerdo entre Pastores y Cabildo de Gran Canaria en Osorio. Cabildo de Gran Canaria

Figura 3. Técnicos de Medio Ambiente y el pastor en el barranco de las Tirajanas.Javier Gil León

Figura 4. Monte y llanos de Constantino. Javier Gil León

Figura 5. Pastoreo en el barranco de los Olivos en Santa Brígida.Fernando Saavedra

 

Dídac Díaz Fababú. Ingeniero Técnico Forestal. Director de Extinción y Analista de Incendios Forestales de la Consejería de Medio Ambiente y Emergencias del Cabildo de Gran Canaria. Responsable del programa Gran Canaria Pastorea de prevención de incendios forestales mediante rebaños.

 

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